La sátira

Enxiemplo de Caldera

Fray Josepho
(En ocasiones, a fray Josepho le asaltan unos extraños raptos, una suerte de enajenamientos misteriosos, durante los cuales se siente poseído por el espíritu de un fraile medieval, que le dicta en cuaderna vía unas peculiares historias del remoto pasado. Aunque no tienen nada que ver con la actualidad política, dejamos aquí constancia de una de estas composiciones, por su interés filológico y paranormal)
 
Si el Sennor Crïador, qu’en los Çielos impera,
me da fuerça et buen juiçio, de donosa manera
hodie voy a contarvos la hestoria verdadera
d’un curioso individuo cuio nombre es Caldera.
 
De la mui clara e noble tierra de Salamanca
(qu’en cultura e sapiençia non es coxa ni manca)
es natural Caldera —dígolo sin retranca—,
ca enna cibdad de Béjar su triste vida arranca.
 
Caldera semejaba ser un poco babieca;
fablaba commo acquel quien asó la manteca;
posedía una tiesta desangelada et hueca;
si confirmar queredes, id a la hemeroteca.
 
"Arrímate a los buenos, pillastre gallofero",
dixérale, de mozo, un sabio consexero...
E Caldera, ambiçioso, quiso ser el primero
en façerse compinche d’un tal don Çapatero.
 
E, junto a Çapatero, fuese a façer política:
en la diestra fachosa descargaba su crítica,
ca maguer era pobre su doctrina, e raquítica,
posedía faz reçia, peñascosa et granítica.
 
Rub Al-Kaaba, el taimado, fizo de pedagogo,
e Caldera tornóse bulldog, mastín e dogo:
mordía a la derecha con asaz desahogo...
¡Non había en Espanna nadie más demagogo!
 
E pasaron los días, las semanas, los meses...
Caldera defendía, leal, los intereses
del sennor Çapatero e de sus feligreses,
fasta con güebs infames, commo "Los genoveses".
 
Usaba, cual bellaco, la manipulaçión;
fazía torpes tretas desde la Oposiçión;
mostrábase bocaças, deslenguado e faltón:
¡quería de ministro sentarse en un sillón!
 
Nunqua se detenía ni afloxaba la rienda;
fasta en el Parlamento trampeaba este menda,
faziendo en documentos, con el Típex, enmienda...
¡Todo vale, en política, por ganar la contienda!
 
Siempre iba con pancarta, non importa el motivo;
otrosí en Salamanca defendía el archivo:
"Non se lo llevarán, mientras yo sea vivo"...
¡Tal se muestra el talante del ombre progresivo!
 
En un açiago día, acabando el ivierno,
después de lo de Atocha, mostruoso e vil infierno,
la manipulaçión llevólos al Gobierno...
¡Et la veraçidad ya les importa un cuerno!
 
Mas deben el Gobierno al siniestro Rovira,
marrullero e tortuoso, fijo de la mentira,
ca si non le obedesçen, su amparo les retira,
et el Gobierno, estonçes, seguida mientre, expira.
 
Empero están ençima; ya non están debajo,
e de los sus foçicos non sale spumarajo;
Caldera fue nombrado Ministro de Trabajo,
maguer de gobernar non entiende un carajo...
 
E quando la memoria la prensa le refresca
—tan crudel suele, en veçes, de ser la canallesca—
o se calla, o replica de manera asaz fresca,
o s’enreda en respuestas a guisa cantinflesca.
 
Agora, al contestar, s’altera e trastabilla,
ca su verbo de víbora ya non luçe ni brilla,
e su alta prepotençia, menoscabado, humilla:
¡de lo que fue Caldera quedóse en Calderilla!
 
Mas el fin de las trovas, sabet, ya nos alcança;
del cuitado Caldera non faré nueva chança...
Sacat d’aqueste enxiemplo provechosa ensennança:
¡de pancarta a poltrona hay mui grande mudança!
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