La sátira

Emociones desbordadas en la clínica Quirón

Fray Josepho

Este domingo, don Iñaki Urdangarín y la infanta doña Cristina, duques de Palma, visitaron a don Juan Carlos, convaleciente de su operación de cadera, en la clínica Quirón de Madrid, donde coincidieron con la infanta Elena y la reina doña Sofía.

Imaginen la escena. El yerno, arrepentido, que promete enmendar su conducta. El anciano rey que se emociona. Las infantas que no pueden contener las lágrimas. Y hasta la reina, que de nuevo ejerce su papel de aglutinante familiar. Se disipan los negros nubarrones de la corrupción, de las amistades peligrosas, de las infidelidades... Sin duda debió de producirse una conmovedora reconciliación, que me he permitido recrear en forma de soneto.

Y es que, queridísimos lectores, estoy en condiciones de asegurar que este domingo el torvo fantasma de la III República se ha alejado de España.

Don Juan Carlos lloró. Me juego un huevo.
Seguro que echó lágrimas borbonas
cuando Urdanga le dijo: "¿Me perdonas?".
Solo de imaginarlo me conmuevo.

Y fijo que volvió a llorar de nuevo
cuando las dos Infantas cuarentonas
hiparon con profusas lagrimonas,
como las plañideras del medievo.

La clínica Quirón se nos encharca
con la llantina floja del Monarca,
que dice: "Sofi, porfa, dame un clines".

¡Y cómo puede haber republicanos
que, ajenos a los llantos soberanos,
le pretendan tocar los cataplines!

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