El alborear de la democracia en Madrid

Fray Josepho

Rita Maestre, la portavoz del Ayuntamiento de Madrid, ha calificado de "éxito rotundo" y "sin paliativos" la llamada "consulta ciudadana" que puso en marcha la Corporación que dirige Manuela Carmena. Han tardado solamente ocho días en hacer el recuento, cuyas garantías democráticas se pueden comparar a las de países tan avanzados como Cuba o Corea del Norte. La afluencia de votantes ha sido masiva. Aunque todavía no ha concluido el cómputo, parece ser que la participación alcanza la astronómica cifra del 7% de los madrileños y madrileñas, incluidos e incluidas los jóvenes y jóvenas de 16 años, a los que la oligarquía pretendía dejar sin derecho al voto.

Pero, claro, hay enemigos de la democracia que critican el millonario presupuesto, así como la falta de transparencia y fiabilidad de la consulta. Son los de siempre. Los que quieren regresar a los ominosos tiempos del franquismo.

Proceso democrático. Las masas populares
emiten sus sufragios con gozo y frenesí.
Los hombres y mujeres, por miles de millares,
rellenan papeletas y eligen NO o SÍ.

Masivo es el concurso. Mayúsculo el gentío.
Inmensa la afluencia. Grandísimo el tropel.
La sociedad intrépida acepta el desafío
de hacer de los Madriles benéfico vergel.

Un voto, cinco leuros (tal es el presupuesto).
Total, una minucia que paga la ciudad.
Y son los resultados veraces, por supuesto,
tras más de una semana de contabilidad.

Con estas votaciones, la gente, los de abajo
(la genta y las de abaja), reciben el poder.
La sucia oligarquía se va para el carajo,
y se hace carne el sueño del hombre y la mujer.

La gente que no vota (noventa y tres por ciento)
demuestra ser escoria fascista. Lo peor.
Retrógrados que odian el empoderamiento
y viven impregnados de bilis y rencor.

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