La sátira

Don Antonio Mingote Barrachina

Fray Josepho

Estos días muchos amigos de Antonio Mingote han escrito sobre su personalidad y su genio. Se han relatado anécdotas, se han trazado perfiles, se han recordado momentos de su vida y de su obra... Sería ridículo que pretendiera aportar algo nuevo yo, que solo vi a Antonio Mingote dos veces. La primera, cuando me lo presentaron, apenas crucé con él unas frases. La segunda, y última, fue en agosto de 2008, en su casa de San Pedro de Alcántara, donde tuve el honor de que él y su mujer me invitaran a comer. Nunca olvidaré esa tarde agosteña. Y he de repetir lo que ya muchos han dicho: aunque era un genio, de cerca parecía simplemente una persona entrañable y sencilla. Hizo que desapareciera al instante el azoramiento con que acudí a la cita. Porque Mingote disimulaba su genialidad bajo el disfraz de buen hombre y afable conversador.

Esa tarde, en lugar de llevarle una botella de vino, le llevé el libro que acababa de publicar. Y se lo dediqué con un ovillejo endecasílabo que hoy reproduzco aquí, como homenaje al genio que un día me invitó a comer en su casa. Descanse en paz.

¿Quién es de España vivo patrimonio?
Don Antonio.

¿Quién del humor es sumo sacerdote?
Mingote.

¿Y quién dibuja, encima, cosa fina?
Barrachina.

Ecológico, light, sin cafeína,
sin conservante alguno ni aditivo,
bajo en colesterol, no contamina
y es sostenible, sano y nutritivo
don Antonio Mingote Barrachina.

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