La sátira

Desde que decidí leerme el ROC

Fray Josepho

La enseñanza española es una porquería. Hasta ahí estamos todos de acuerdo. Pero en algunas comunidades autónomas la porquería se condensa y adquiere auténtico carácter de mugre estructural. Ese es el caso de Andalucía. 

Quizá recuerden que, hace un par de años, la CEJA (Consejería de Educación de la Junta de Andalucía), alarmada por las crecientes cifras de fracaso escolar, decidió sobornar a los profesores para que no suspendieran tanto. En un infame Plan de Incentivos, se untaba a los docentes con 7.000 euros, no por enseñar más y mejor, sino por rebajar las exigencias y maquillar las estadísticas de suspensos. Así de crudo. La dignidad que los profesores de instituto andaluces demostraron entonces, con movilizaciones y huelgas, fue memorable. Huelgas por negarse a cobrar más: ahí es nada. Y huelgas llevadas a cabo, encima, en contra de los sindicatos apesebrados del Régimen, CCOO y UGT, entre otros. 

El Gobierno de la Junta de Andalucía no les ha perdonado a los profesores de instituto el desafío. Y este curso, para doblegar definitivamente su dignidad, la CEJA ha sacado un ROC (Reglamento de Organización de Centros educativos) en el que se condensan todos los desmanes pedabobos y se da vía libre a las cacicadas dirigidas a rebajar aun más los contenidos que se imparten y a menoscabar la autoridad, la libertad de cátedra y la profesionalidad de los docentes. Encima, el documento está escrito con una prosa analfabeta y zarrapastrosa que debería avergonzar a sus anónimos autores. 

La enseñanza española no era una maravilla cuando el MEC (Ministerio de Educación y Ciencia) tenía las competencias, pero desde que se cedieron a las comunidades autónomas la decadencia no ha hecho más que acelerarse.

Desde que decidí leerme el ROC,
voy macerando el hígado en coñac
y evoco, en un patético flash-back,
aquel dichoso tiempo previo al shock.

No tomo ya mis notas en un bloc,
pues el servicio técnico –qué crack
ha recompuesto el hardware de mi Mac
en estas vespertinas five o’clock.

Las cosas de la CEJA –ya no es MEC–
me obligan a otro trago de Domecq
(que se lo doy a morro al tetrabrick).

De borrachuzo infame es ya mi look,
y escribo en la pantalla del MacBook
con el inútil ápice de un Bic.

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