¿Paella o barbacoa?

Fray Josepho y Monsieur de Sans-Foy

Es difícil que tu cuñado, tu amigo, tu jefe o tu vecino no te inviten en verano a comer en el jardín de su casa, junto a la piscina. Y en tal caso, hay dos posibilidades: paella o barbacoa. Hay españoles paelleros y españoles barbacófilos. Y cómo no, nuestros poetas toman partido.

PAELLA, SIEMPRE PAELLA
por Fray Josepho

¡No quiero barbacoa! ¡Que no, que no la quiero!
¡Ni la de la viscosa canción de Georgie Dann,
ni la de costillares de vaca o de cordero
que sueltan su grasuza caliente sobre el pan!

No quiero que me inviten a carne churrascada,
no quiero que me encomien el cárnico festín
de lomo, de chuletas, jarrete o carrillada
en una coquetuela piscina con jardín.

No quiero esos pringosos chorizos con ceniza,
no quiero la ensalada que va de guarnición.
No quiero las morcillas. No quiero longaniza.
Tampoco quiero pollo, ni quiero chuletón.

Yo quiero una paella con todos sus avíos,
dispuesta con cariño, guisada con afán.
La reina sempiterna de todos los estíos,
teñida con el mágico color del azafrán.

¡PAELLA NUNCA!
por Monsieur de Sans-Foy

¡Paella no, por Dios! ¡No me la pidas!
Antes aso chicharrones con las manos
que meterme en aventuras tan suicidas
con lectores quisquillosos valencianos.

¡Ay de ti, como en un punto no coincidas
con su abuela, con su madre y sus hermanos!
Te dirán barbaridades nunca oídas,
que, en tocante a la paella, son prusianos.

En tocante a la paella, tienen todos
el humor del suspicaz Tirante el Blanco
y el talante democrático de Franco.

Integrismo, obstinación y malos modos.
En Valencia, el comensal es tan quisquilla
como el menda y la cebolla en la tortilla.

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