Ya estamos en el infierno, juez

Francisco Pérez Abellán

Dice usted, Señoría, que al infierno se llega deprisa. Pues mire sí, tiene razón: Mariló Montero persigue en el caso Asunta al sospechoso "Q. D. E. P", al que el gran Ónega le ayuda a identificar, mientras TVE se derrumba con estrépito con el auxilio del psicólogo que empuja al suicidio. Como ella dice: "No está comprobado que el alma no sea trasplantada con los órganos".

A la vez, usted, José Antonio Vázquez Taín –un caso, un libro–, que ya se estrenó con la novela del debut que se inspira en el Código Calixtino, ofrece su nueva obra: Al infierno se llega deprisa. Algunos periodistas, pero no se fíe, Señoría, le acusan de oportunista porque va de una niña de 13 años y la presenta en el aniversario del asesinato de Santiago de Compostela, aunque ya no está en ese juzgado. Lleva usted camino de dejar pequeños a Perry Mason, Nero Wolfe, Erle Stanley Garnder y otros juristas criminólogos, como el de la silla de ruedas, Ironside.

Lo primero es advertirle de que España lo que necesita son jueces que se dediquen con pasión a hacer justicia. A tiempo completo. Hay mucho que hacer. Porque sepa usted que escribir es una tarea que ocupa todo el día, se lo digo por experiencia. En cambio, el trabajo de juez es compatible, y si lo duda, mire a su alrededor. O mírese las manos. Desde luego, voy a comprar su libro para ver qué tal calza.

En mi opinión, usted ha instruido de forma sólida la investigación por el asesinato de la niña de origen chino presuntamente asfixiada por sus padres, tras intoxicarla con lorazepán, como hacen los envenenadores modernos, que han cambiado la droguería por la farmacopea. Pero cometió usted un grave error: en un caso de tóxicos, dio permiso para que el cadáver fuera incinerado. Seguro que no escribe sobre eso.

Item más: en lo de Asunta hemos tenido descalabro de peritos. La camiseta de la niña apareció con una mancha de semen y resulta que después de que una señora con ínfulas recorriera las teles jurando por Snoopy que no era un fallo del laboratorio de criminalística, resultó que no podía ser otra cosa. Un patinazo más grande que la cazoleta en el prado de las calzas de Carlos I de Tiziano. La perito del caso Bretón también metió la pata cuando confundió los restos de los niños con huesos de roedores. El jefe de la investigación, ya jubileta, ha sido contratado por la televisión para que siga recreándose en sus aciertos. Por otro lado, en la Escuela de Medicina Legal y Forense de la Universidad Complutense, que tenía un camposanto sin legalizar en el sótano mismo del edificio, son expertos en errores y horrores, pero quisieron desfacer un entuerto y volvieron a meter la gamba enviando al juez un informe en el que reconocían "tres huesos astrágalos" en solo dos cadáveres, lo cual es imposible. Es frecuente que esta escuela dirigida por un odontólogo perpetre gazapos por los que se suspende en primero de Medicina. Tiene la suerte de que el periodismo walking dead no lo detecta.

En general, ¡qué mal se cuentan los sucesos en la tele! Si el periodismo ha muerto (q. e. p. d), el de sucesos huele a ídem. Que la enfermedad era grave se supo cuando la humorista Paz Padilla empezó a dar las noticias de ETA sin que ni la FAPE ni la APM dijeran ni mu.

Hay presuntos periodistas que han pasado del bachiller al crimen. Así ocurre que se interrogan constantemente sobre el motivo del caso Asunta. Por esto mismo hasta en Italia se habría convocado una huelga.

En fin, voy a revelar el móvil para que los ignorantes tomen nota: a la pequeña Asunta la mataron presuntamente porque se convirtió en un estorbo, que es algo muy corriente que incita a matar. Los que la adoptaron nunca tuvieron vocación de padres. Trataron de salvar su matrimonio adquiriendo una niña china.

Entre los peritos del escándalo, argumento para una novela de Vázquez Taín, hay un friki que se pasea por las televisiones que dice "mondun operanding" porque cree que es inglés, ¿a que no adivinan de quién se trata?

Por cierto, no es que se llegue deprisa, juez, es que ya estamos en el infierno.

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