Violador del estilete, violador del portal

Francisco Pérez Abellán

Parte de las leyes españolas no son adecuadas para los tiempos que vivimos. Una fantasía reina sobre el aparato judicial. El realismo mágico es que la legislación está encaminada a la reinserción de los presos y se cree a pie juntillas que se cumple el objetivo. En realidad, en más de cuarenta años dedicado a estudiar el crimen, me constan muy pocas reinserciones. Y sin embargo he visto gravísimas reiteraciones en el delito. Los violadores en serie son la gran amenaza. Los casos en los que un presunto sale de la cárcel y vuelve a violar o a matar son demasiados. El Violador del Estilete y el Violador del Portal podrían ser buenos ejemplos.

Estamos ante el caso de estos dos violentos que, después de pasar media vida en la cárcel, han vuelto presuntamente a delinquir, uno, a los cuatro meses del tumbado de la Doctrina Parot. Es el del estilete, Félix Vidal Anido, de 50 años, que cumplió casi 30 de prisión por varias violaciones cometidas en Lugo, en 1987, por las que fue condenado a 70 años. Por cierto que ya es hora de que se deje de confundir a la gente con tal suma falaz. Por favor, que los jueces apliquen las matemáticas, si no hay otra manera de plantear una condena, y se diga a todo el mundo, sin tapujos, cuántos años caen de verdad a cada delincuente. Basta de jugar con la credulidad de quienes pueden imaginarse que alguien cumplirá alguna vez 70 años.

Vidal ha estado casi 30 años reinsertándose en una prisión, según la ley, pero nada más salir, es decir cuatro meses después, cometió lo que a mí me parece un nuevo intento de rapto de una mujer, que abrió la puerta de su casa y allí estaba él para meter el pie entre la hoja y el marco e impedir el cierre. El juez le ha condenado por coacciones. Añade la sentencia que "no puede valorarse en su contra su historial delictivo". Pues perdone, Señoría, pero lo que no debe hacerse es valorar su historial en su beneficio. Félix Vidal, en esta Arcadia feliz de la Justicia, se libra de lo que a todo el mundo le pesa: su pasado. Lo primero que te piden para darte un trabajo, entregarte un documento o promocionarte. El hecho de que Vidal Anido haya cumplido su anterior condena le coloca, por arte de birlibirloque, más limpio que si acabara de nacer.

Y el caso es que los violadores brutales y reiterativos, que parecen su tipo, no tienen cura y sí un alto grado de reincidencia. Considerarlos reinsertados, como hacemos en nuestro mundo de hadas progres, hace a las víctimas vulnerables.

En el caso del Violador del Portal, el ejemplo todavía se ve más claro. Pablo Manuel García Ribado era un mecánico de 26 años cuando fue descubierto. Iba con otro. Era una pareja. Los dos con la cara descubierta y vestidos correctamente. Su técnica era siempre la misma: asaltaban víctimas en el portal de su casa. Además de abusar sexualmente de ellas, les robaban las tarjetas de crédito y el dinero. Los ataques eran de a dos y de a tres, siempre en garajes, cuartos de calderas, trasteros, escaleras, rellanos y ascensores. Las víctimas eran preferiblemente muy jóvenes, incluso menores. Les pegaban sin piedad. Los dos acusados confesaron. A García Ribado le condenaron a 1.716 años de prisión. Estuvo en la cárcel sólo 17, por una enorme cantidad de delitos, entre los que destacan más de medio centenar de violaciones. Salió a la calle al derogarse la Parot, y un año después ha sido detenido como presunto autor de nuevos abusos. Al parecer se hacía pasar por fisioterapeuta en Torija y Trijueque, localidades de Guadalajara, bajo identidad falsa. Habría aprovechado las sesiones para abusar.

El Violador del Estilete ha sido condenado a 21 meses de prisión por el nuevo delito que se le estima, aunque su abogado de oficio ha recurrido al Supremo solicitando la inmediata puesta en libertad. Si ahora los políticos siguen sin hacer nada, es el momento de retirarles el apoyo en las urnas. Hay que revisar las leyes para que tengan en cuenta la realidad. Los delincuentes que no se reinsertan ni tienen cura no deben seguir siendo una amenaza intolerable.

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