‘La Manada’

Francisco Pérez Abellán

Odio la forma que tienen algunos de divertirse. El estilo alocado e insaciable de un grupo de jóvenes les ha llevado a ser imputados de presunta violación en los pasados Sanfermines. Son cinco los señalados por la presunta víctima, una madrileña de 18 años. Los chicos son aficionados a grabar con el teléfono sus expansiones amatorias y exponerlas en las redes, al menos en los chats privados. Uno de ellos, el de La Manada.

En el grupo hay un guardia civil y un militar, gente que se supone formada y de orden ¿Qué pasa aquí que en vez de hacer una piña han decidido formar un grupo de animales?

La denunciante dice que fueron cuatro los que la agredieron, pero el juez ha encarcelado a los cinco. Se basa para ello en los videos encontrados en los móviles intervenidos. Ahora la cosa está en si se trata de una relación consentida o de una violación. La acusación es tremenda y repulsiva, pero la cosa es si de verdad hay delito y puede demostrarse.

En principio sería la palabra de la joven contra la de los denunciados. A ello se suman los testimonios e investigaciones de los policías y las imágenes incautadas. Hasta donde conozco, los videos no son concluyentes. La declaración de la chica se ha repetido hasta tres veces y no coincide. Por su parte, los investigados afirman que ella accedió a tener sexo. En los videos no hay quejas, rechazo o protestas. Lo que se oye son gemidos y jadeos. En lo grabado, ella está como ausente y se deja llevar. ¿Es mucho un minuto y medio de video con los ojos cerrados? En los informes médicos, el de toxicología descarta rotundamente que estuviera bajo los efectos de drogas de sumisión química, especialmente burundanga.

El reconocimiento forense no encuentra lesiones en el cuerpo que serían de esperar en un acto de violencia por parte de cinco mocetones de abrumadora superioridad física como señala el instructor.

En España todos los delitos tienen como víctima principal a las mujeres, por lo que parece razonable que se sientan indignadas y reclamen contundencia. Respetando y apoyando esta oportuna reivindicación, hay que recordar que la conquista del juicio justo es una esencia de la democracia. La demostración de la culpabilidad no se hace con opiniones, suposiciones o especulaciones, sino con pruebas y evidencias. A La Manada no se la va a juzgar por que sus miembros sean un puñado de insolentes fiesteros, sino por si han cometido un delito de mucha cárcel. Llevar a cabo esta valoración y sus consecuencias precisa de equidad.

Los investigados llevan muchos meses encarcelados como medida cautelar, y entre lo que ha trascendido no se aprecian pruebas irrefutables. Si el peritaje de los videos hace dudar sobre lo que muestran, hay que recordar que in dubio, pro reo. Serán los jueces los que decidan, por lo que hay que vencer la tentación de dar rienda suelta a que la situación general del daño continuo a la mujer se convierta en una intromisión en un caso concreto que debe ser resuelto según los elementos probatorios. Al hilo de la deficiente información, la amenaza de desaparición de los periodistas de sucesos hará que los tenga que proteger el Seprona. Esto es España y esta es La Manada.

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