ADN, no sin mi abogado

Francisco Pérez Abellán

Asesinos, pederastas, violadores y demás ralea están de suerte. Una sentencia del Tribunal Supremo de 30 de julio de 2010 que estableció que es garantía jurídica necesaria la presencia de un abogado para tomar pruebas de ADN, caso de que los detenidos consientan, se está cargando el banco de identificación que tanta tranquilidad procuraba. Nuestro país es famoso en el mundo entero por las leyes que favorecen a los delincuentes, y ahora una nueva jurisprudencia se suma a la ya excesiva carga garantista, que hace muy difícil defenderse de la delincuencia.

Gracias a la obtención de ADN se ha metido a gente impune en la cárcel. El ADN es el más poderoso arma contra la violación y el asesinato. El reóforo de la corriente de policía científica: se ha descartado a sospechosos que resultaron ser inocentes y se ha descubierto a asesinos taimados. El derecho a la intimidad del detenido, que defiende la doctrina del Supremo, yo creo que porque no puede hacer otra cosa, ya hizo que en 2012, apenas puesto en marcha el banco de ADN, perdiera más de un veinticinco por ciento de perfiles respecto al año anterior, y en el 2013 ya se registró casi un treinta por ciento menos. Hasta la sentencia que comentamos siempre se producía incremento anual, y desde luego la lucha contra el crimen salía reforzada.

Ahora, si se quiere una muestra de ADN es preciso avisar a un abogado para tomar el frotis bucal del presunto violador o asesino. Digamos que este es el remate de una marcha atrás en el enfrentamiento contra delincuentes cada vez más sofisticados y protegidos. Delincuentes que están dispuestos a matar de nuevo para no ser extraditados porque aquí, con respecto a sus países de origen, hay un verdadero paraíso para ellos.

Antes era solo una anécdota, como la de Pietro Arkan, el moldavo asesino de un abogado, precisamente, que por la amenaza de que lo devolvieran a su país amagó con cometer nuevos delitos. Y es que, aunque los recortes de la crisis han impedido que abran las piscinas de invierno, en nuestras cárceles el trato, la comida y la atención médica están a la altura de Noruega, que no tiene barrotes ni en la celda de Breivik, el monstruo nazi que tiroteó a los hijos de los socialistas que veraneaban en la isla de recreo, donde no había ni barcos ni helicópteros para impedirlo. En Noruega se le concedió una ventaja a Breivik que resultó irreparable. Ese es el camino que nuestro país recorre vertiginosamente.

Recientemente la falta de previsión, la indefinición sobre la profesión de criminólogo, que tanta falta hace, y la blandenguería de las leyes, en especial contra los multirreincidentes, permitió que Madrid, la capital, sufriera la tiranía del pederasta que destruyó la vida de al menos cuatro niñas. Esto no es culpa de los jueces ni de la policía, como pudiera pensarse. Es de los políticos, es decir, de esos que se ocultan tras el palabro legislador, en pura jerga jurídica. El legislador no legisla ni caliente ni frío. Y cuando las leyes se aplican, aunque la voluntad de los jueces sea otra, tienen que actuar a favor del delincuente, pero no in dubio pro reo, sino sin ninguna duda y en todo momento. Este presunto pederasta ya se negó a permitir que le tomaran el ADN. Como todo el mundo sabe, se trata solo de pasar una torunda de algodón por el interior de la boca, lo que permite la obtención de ácido desoxirribonucleico (ADN). Al comparar la muestra con otra dubitada, o mejor, al introducirla en el banco, indica enseguida si hay coincidencia. Gracias a esto se han resuelto casos de violación inalcanzables y de asesinato. Es una prueba científica que acusa sin error.

De modo que fue un largo sufrimiento conseguir que se permitiera la creación del banco de ADN, que acumula perfiles para comparar a todo ritmo, pero este frenazo en seco lo ha echado a perder. Todas las fuerzas policiales servían material, pero ahora la nueva disposición impide alimentarlo debidamente. Y la culpa no es de los jueces que aplican la ley, porque no tienen más remedio que implantar el espíritu de una legislación trasnochada, de cuando el siglo XIX creía en las vanguardias. Hoy día, si se quiere utilizar un elemento tan poderoso como el ADN, cosa que hacen todos los países de nuestro entorno sin las limitaciones que hay en el nuestro, habrá que cambiar la ley, y autorizar expresamente que la policía pueda tomarlo sin daño, y en mi opinión, sin que se invada la intimidad de nadie.

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