Zapatero, o los "políticos de corazón de hielo"

Federico Jiménez Losantos
Apenas unas horas después de que el testimonio desgarrador de Maite Pagaza y Rosa Díez conmoviera hasta el tuétano a cualquier español que no tenga sangre de horchata, cuando aún estremece la maldición de la hermana del socialista asesinado contra los “políticos de corazón de hielo”, el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, ha demostrado que la víscera helada, la falta de sentimientos y de escrúpulos, no son una exclusiva del nacionalismo vasco. Que en el socialismo llamado español, aunque no siempre lo sea y aunque vaya camino de no serlo nunca, hay dirigentes para los que ni los muertos, ni el terror, ni el acoso de los terroristas y sus cómplices a sus propios compañeros de partido son argumentos superiores a las miopes consideraciones electoreras, a los rácanos cálculos sectarios o, simplemente, a las imposiciones de los poderes fácticos que dominan la izquierda española, con Polanko a la cabeza.

El rechazo a la generosa y razonable propuesta de Mayor Oreja para que PP y PSOE vayan en listas conjuntas o mediante otras fórmulas flexibles que refuercen la presencia de los representantes de España y su Constitución en los ayuntamientos vascos prueban que cuando Zapatero sacrificó a Redondo Terreros en el ara del polanquismo y al dictado de González y Cebrián, lo hizo con plena conciencia de su fechoría, dispuesto a seguir manteniendo el discurso y los acuerdos formales contra el terrorismo, pero también a trabajar implacablemente en la estrategia de la vieja guardia del GAL: todo vale contra el PP, incluido el acuerdo con el PNV aunque no rompa con ETA.

Zapatero tiene menos votos que Aznar en el País Vasco. No puede, por tanto, argüir que el PP trata de pegarse a un socio más poderoso para arrimarse al poder. Por otra parte, la vida municipal en el País Vasco para los que no son nacionalistas es cualquier cosa menos un chollo. Y los disgustos, vale más compartirlos, como de hecho hacen las bases de PP y PSE. Y si los matan juntos, si los acosan juntos, si los persiguen juntos, si los aterrorizan juntos, ¿por qué no defenderse juntos?

Zapatero no ha sido capaz de responder a tan sencilla pregunta, que está implícita en el reciente artículo de Redondo Terreros en ABC. Y ello por una razón: le da vergüenza reconocer la verdad, no se atreve a decir que si no hay listas conjuntas de los dos partidos españoles en el País Vasco es sólo porque así no discutirán su frágil liderazgo González en el PSOE y Polanko y/o Cebrián en El País. Y es que no sólo en el PNV hay políticos de “corazón de hielo”. Ni politiquillos con sangre de horchata.
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