Opinión

Y ahora, la Guardia Mora

Federico Jiménez Losantos
Ya se han incorporado a la Alianza de Civilizaciones Hugo Chávez, Lula y el pobre Uribe, en calidad de rehén. Ah, y Maradona. Con el apoyo del que fuera gran jugador de fútbol pero que desde hace ya muchos años es sólo un grotesco símbolo de la degradación humana, puesta al servicio de la tiranía castrista, el proyecto de Zapatero ha alcanzado ya el quórum necesario para su plasmación en algo más que retórica. Es el momento de pasar a la plástica. Urge que, cuanto antes, la Guardia Real rescate de los arcones polvorientos que ha heredado los arreos y uniformes de la Guardia Mora, ese formidable cuerpo de guardarropía que, durante décadas, escoltó a Franco en los grandes desfiles urbanos y decoró sus visitas a las capitales españolas más importantes.
 
Dado que la diplomacia zapateril ha logrado en sólo un año liquidar todas las alianzas de Aznar con países tan míseros como Estados Unidos o Inglaterra y también recuperar los aliados de la dictadura franquista, es decir, los países iberoamericanos menos sensibles a la libertad y los países árabes con quien decía el régimen que manteníamos “la tradicional amistad”, ha llegado el momento de plasmar en el NoDo, que no otra cosa son los telediarios, esa forma genial de conjuntar la fiera civilización del Rif y la noble de Covadonga, lo musulmán y lo cristiano, lo oriental y lo occidental. Ahora que ya no quedan estatuas para compararlo, es el momento de que Zapatero visite los aeropuertos de Barcelona llegando a caballo, con esa “harka” de largas capas blancas que sólo la Guardia Municipal de Barcelona lograba emular en gallardía y estupendez, allá por tiempos de Kubala. Por cierto, otro genial precursor de Zapatero, que no en balde es del Barça. Su película autobiográfica se llamaba “los ases buscan la paz”. O sea, como los de Venezuela pero al revés, porque Laszlo Kubala huía del comunismo y Zapatero va hacia él. Con la adhesión de Chávez y la recuperación de la Guardia Mora ya sólo faltaría el homenaje a otro húngaro genial de la generación de Kubala, Czibor y Kocsis, el inolvidable Ferenc Puskas, al que llamaban “Cañoncito Pum”. Lástima que no haya llegado a Venezuela. Le hubiera dado una monumental colleja a Maradona.
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