Verdugos "radicales" y verdugos "moderados"

Federico Jiménez Losantos
Que el PNV-EA e Izquierda Unida se manifiesten por las calles del País Vasco junto a la facción todavía legal de ETA para descalificar la decisión aplastantemente mayoritaria del Parlamento español de impedir por la nueva Ley de Partidos que Batasuna siga gozando de impunidad es uno de esos hechos en los que la plástica y la política se confunden, en que la ética se hace estética y viceversa. Que Llamazares y Madrazo, Arzallus y Eguibar se manifiesten junto a los viejos etarras Otegui y Santi Potros, escaparate de la banda a la que sirven, prueba mejor que mil discursos la clase de escoria moral que cubre el País Vasco, hasta qué punto la criminalidad política es real o cómo la perversión moral, la complicidad con los criminales genocidas, acaba exhibiéndose obscenamente a plena luz del día.

Archidemostrada la indiferenciación organizativa y participativa de los diversos brazos y tentáculos de ETA, la obligación del sistema democrático es poner a todo el complejo terrorista fuera de la Ley. Y si el PNV-EA e IU, los socios de Gobierno de Ibarreche son, como los hechos demuestran, pieza voluntaria y clave de la defensa de ETA, corresponde también a PP y PSOE poner en el parlamento español a nacionalistas y comunistas ante su propia responsabilidad, con la opinión pública como testigo. Si en el nacionalismo vasco no hay esperanzas de cambio, porque el envilecimiento moral, la complicidad terrorista es parte esencial de su propia identidad política, en el caso de izquierda Unida es mucho lo que puede hacerse para adelgazar ese colchón que en toda España le procura a ETA los viejos y nuevos militantes del GULAG, los viejos y nuevos totalitarios comunistas que, como antes del 77, colaboran con ETA en lo que sea y hasta donde sea. Por cierto, que también esto, a propósito de los 25 años de las primeras elecciones democráticas en España, convendría recordarlo y no lo recuerda nadie. Madrazo y Llamazares no hacen sino volver a la Calle Correo. Y cualquier día, repetir la hazaña.

Que no nos hablen más de partidos nacionalistas “radicales” y “moderados”, cuando separatistas son todos, ni tampoco de partidos “extremistas” y “demócratas” si todos forman parte del Pacto de Estella. Desde el punto de vista de las víctimas, único moralmente aceptable, las diferencias entre sus verdugos carecen de importancia.
A continuación