PSOE

¿Veinte años de felipismo... o más?

Federico Jiménez Losantos
“Felipe, 20 años más”, titulaba su entrevista-río “El País” del domingo, en uno de esos lapsus tan excesivos que pueden pasar por chulerías o en una de esas chulerías tan grotescas que pueden pasar por lapsus. Después de la media docena de sábanas que dedican a su dialogado elogio, con el elogiado infatigable en el aplauso, la duda que puede embargar a un extranjero adulto o a un español jovencito es por qué un país es tan ciego de prescindir de semejante Argos o por qué un partido no presenta a las elecciones a tan fabuloso líder. Si todo lo que hizo lo hizo bien y todo lo que se hizo mal lo hicieron otros, se comprende que Polanco quiera que Felipe le dure otros veinte años. Y hay que elogiar su patriotismo y su desprendimiento, porque es difícil que en sus negocios le vaya mejor que con Aznar.

Sorprende que Zapatero, en su enésima proclamación como candidato a la presidencia del Gobierno (podría hacerse mensualmente en la Plaza del Descubrimiento, junto al homenaje a la bandera que ahora rechaza el PP, salvando así la bandera y la costumbre), no haya elogiado –aunque técnicamente sea difícil– más aún que El País a su predecesor en la Secretaría General del PSOE y en el reiterado aspirantazgo y larguísimo disfrute de la Presidencia del Gobierno. Algo debe saber Zapatero que desaconseja el elogio de González. Algo muy grave, gravísimo, que el propio González ignora y que el Grupo Prisa no ha sabido explicarse ni explicarle. ¿Qué puede ser? ¿Crímenes, robos, delitos imprescriptibles, corrupciones institucionalizadas, fechorías nacionales, temeridades internacionales, apoteosis de inmoralidad, naufragios éticos, ruinas monetarias, catástrofe ocupacional, apoteosis del paro, demagogia informativa, apocalipsis estético, despilfarro presupuestario, quebranto nacional? ¿Acaso todo a la vez? ¿Acaso –fuera de Prisa y el PSOE– ha podido saberlo o sospecharlo alguien? Raro sería, pero no imposible. Entre el corro de la patata en torno a la cárcel de Guadalajara y esta reedición en Vista Alegre de la apoteosis de Las Ventas hay demasiada diferencia.

Pero cuando no se reconocen públicamente los errores suele ser porque, al menos en privado, se piensa repetirlos. Hasta ahora, sólo un relativo silencio con respecto a González puede hacernos suponer que Zapatero está dispuesto a clausurar estos veinte años de felipismo que, como Polanco no se recata en subrayar, llegan hasta hoy. Pero es el suyo un silencio tan lleno de ruido y es de una relatividad tan relativa que resulta lógico suponer que ni tiene dolor de unos pecados que de forma silente y durante muchos años compartió ni, por supuesto, abriga el menor propósito de enmienda. Nada en su programa político –valga la hipérbole– atestigua que el PSOE haya entendido lo que en los distintos gobiernos de González hizo mal. Nada en su comportamiento mediático permite suponer que guarde alguna certeza incomunicable. Nada en lo económico, nada en lo político, nada en lo ético... ¿De qué cambio hablamos? Después de veinte años de felipismo –o felipolanquismo– en el PSOE, todo apunta a que pueden continuar así muchos años más.

Ya que no en esta Izquierda, inasequible al pensamiento y a todo lo que no sea resentimiento, el único cambio posible en la política española es el que el PP con su inexplicable cobardía económica, política y ética empieza a hacer posible. Este PSOE de Zapatero, que no se mueve, que no mancha y que no traspasa, es un apósito higiénico que el felipismo sin duda precisa pero que a España le sobra. Salvo, insistimos, que el PP se empeñe en entregarle sin lucha al PSOE el Gobierno de la nación. Un Gobierno con el que en los últimos dos meses no sabe qué hacer y una nación de la que, últimamente, hasta la bandera le sobra.
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