Urge un Observatorio para la Justicia Catalana

Federico Jiménez Losantos
La catarata de disparates que con minuciosidad implacable vienen perpetrando diversos tribunales de Cataluña tiene estupefacta y boquiabierta a la opinión pública sensible, es decir, a la que tarda diez minutos -el tiempo de medio telediario sin anuncios- en escandalizarse y olvidarse del motivo de su escándalo, casi siempre en sentencias argumentadas en contra de la legalidad y del sentido común. Pero hay algunas, como la última que absuelve y enaltece a los "okupas" de extraordinaria gravedad, porque son una apología del delito y una burla a los contribuyentes, cuya propiedad privada pregonan los mismos que viven a su costa.

Pero hay una posibilidad de remediar tanto dislate y disminuir tanto escándalo. Esa institución novísima llamada Observatorio, que sirve para hacer como que van a funcionar las cosas que los Ministerios no consiguen que funcionen podría conseguir que la zozobra en la opinión y el alipori en los políticos vayan desapareciendo. La cuestión más delicada es quién vigila a tan desastrados vigilantes, quién juzga a estos jueces tronados. Personas con autoridad moral en la sociedad catalana hay pocas. Samaranch y Núñez son los que primero se vienen a la memoria. Pero hay otro candidato que nos parece más radical, más adecuado para abordar de frente asunto tan grave: Albert Boadella. Sin sentido del humor, el Observatorio tendría que cerrar en seis meses. Con humor, pude durar sesenta años.
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