Un escándalo que se pudo evitar

Federico Jiménez Losantos
El pasado viernes, a última hora de la tarde, todas las agencias y medios de comunicación, incluídos los económicos, daban como seguro el reparto del contrato del AVE a las tres empresas concursantes. Algunos adelantaban incluso que la cosa quedaría a medias entre Siemens y Alsthom para los trenes Madrid-Barcelona y, como consolación, Talgo se quedaría con los de Barcelona a la frontera francesa. Por la noche, en sus primeras ediciones, todos los periódicos mantenían ese criterio que sólo precisaba el acuerdo oficial de Renfe en la mañana del sábado.

Sorprendentemente, el diario "ABC" adelantó en su primera edición del sábado, conocida a eso de las once de la noche, que Alsthom quedaba fuera de la concesión. Unos lo tomaron por maniobra intencionada del diario madrileño y otros, los más, por una filtración equivocada. Pero nadie creyó que el mismo día en que España y Francia comenzaban a debatir un nuevo tratado de extradición para limitar las comodidades de los etarras en el vecino país, se iba a dejar fuera a la empresa francesa, que además cumplió eficazmente el encargo del AVE Madrid-Sevilla. Nadie excepto los que creían que por encima del razonable reparto de la tarta previsto por Cascos podían colocarse dos razones: la política y la corrupción, igualmente política. La primera se plantearía como un episodio más dentro del conflicto entre Francia y España por la política energética europea y, sobre todo, buscaría compensar al Gobierno alemán por la "traición" de la venta de Santa Barbara a General Dynamics, en perjuicio de "Leopard" y otras razones comerciales germanas. Como aquella venta apestaba a comisiones y favores políticos, se supone que estaríamos ante la segunda parte de esa corrupción, por vía de compensación. Es la tesis defendida por el diario de Polanco en su edición del sábado.

La segunda tesis es todavía más siniestra y abunda en la corrupción pero no como hecho amortizable sino como hecho que sobrevive a los cambios de Gobierno y de ministros del ramo. Hay un problema de fondo por el que ni este Gobierno ni nadie puede proclamar su inocencia y es que Siemens pueda seguir participando en concursos públicos en España después de haber sido condenada por la corrupción de políticos y funcionarios españoles en la concesión anterior del AVE. Recuérdese que la embajada alemana servía como guarida de los corruptores y caja fuerte de los convolutos. Un país que se respete a sí mismo debería haber protestado oficialmente a Alemania por corromper a nuestros funcionarios desde su embajada y habría prohibido para siempre o por cierto número de años que Siemens pudiera concursar en nuestro país.

Pudo así evitarse el escándalo. No se ha hecho. Y eso sólo se puede interpretar de dos maneras: que Siemens está arrepentida, cosa dudosa, o que nuestros políticos no quieren que se arrepienta de sus malas costumbres, tesis que sin duda convencerá mucho más a la opinión pública. Cascos entró en Fomento dando ejemplo a palos y echando a directivos de Renfe por aceptar regalos inaceptables. Después de lo de Siemens, adiós ejemplo y "bonjour, tristesse", como dirán en Alsthom. Herr Convoluto sigue ganando batallas después de muerto. Y si no es así, lo parece, que todavía es peor.

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