Un enfermo moral, un peligro público

Federico Jiménez Losantos
El artículo de González publicado ayer en "El País" es una síntesis casi insuperable de infamia y disparate. Disparate al servicio de la infamia, e infamia basada en el disparate. La Historia en manos de González es una bayeta que sirve únicamente para sacar brillo a su propio busto. España es una peana donde se encarama el "gatazo tontiastuto" de Sánchez Ferlosio, que sin duda por error lo definió también como "castrado". La voluntad de seguir mandando, en todos los sentidos y en todas las direcciones, de quien, con trece años largos de Gobierno, debería haber calmado sus apetitos de poder y de poderes es evidente, apabullante, sonrojante y preocupante.

El ex-presidente del Gobierno, jefe político de los GAL y de Filesa, sigue impartiendo lecciones de ética. El político clarividente que se opuso a la Reforma Política de Suárez y promovió contra la legitimidad del Parlamento español que votó la entrada en la Alianza Atlántica aquella campaña "OTAN, de entrada, no", con Javier Solana de Jefe de Prensa, además del innecesario y caudillista referéndum posterior para quedarse donde decía salir, utiliza el escaparate privilegiado de su amigo Polanco para decretar la duración, límites y contenido de la Trasición, administrar en exclusiva el secreto de la Constitución y avizorar el nebuloso futuro de la legalidad española. Nebuloso y oscuro, si más no, porque González es en sí mismo un tenebroso banco de niebla dispuesto a hundir el barco con tal de que naufrague Aznar.

La reescritura de la Historia de la España reciente perpetrada por González con la complacencia del diario de Polanco, que en ese mismo número y a propósito de los 25 años de la muerte de Franco sienta cátedra de sectarismo y manipulación, no sólo muestra un afán totalitario y un espíritu de trilero sino que está al servicio de un proyecto estratégico muy concreto para volver al poder, con González en primer o en segundo plano: una alianza del PSOE con el separatismo vasco y catalán -Arzallus incluído- con la reforma de la Constitución como cemento de unión política, la identificación de Aznar y la Derecha con el franquismo como base ideológica y la negociación con la banda terrorista ETA como señuelo de paz y engañabobos para progres.

Lo que hace apenas un año parecía el delirio de un loco vengativo se va aclarando a los ojos de todos y además imponiéndose en el PSOE y en el polanquismo como estrategia política. González no es sólo un enfermo moral. Es, sobre todo y cada día más, un peligro público.
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