Un barco sin timón pero con tripulación

Federico Jiménez Losantos
Nunca pensamos tener que escribir que el PSOE tiene un problema de imagen. Pues bien, sí, el PSOE de Zapatero tiene un gravísimo problema de imagen. Ayer supimos que el congreso de los socialistas madrileños había terminado en pasteleo con triunfo guerrista y apaño final de los zapateristas. Pensamos que el socialismo madrileño seguía sin tener remedio, pero miramos hacia el País Vasco.

El congreso de los socialistas vascos tenía que decidir entre mantener su postura de confrontación con el nacionalismo y defensa de la Constitución Española o si se sometía a la línea marcada por Maragall y González de enfrentamiento con Aznar aunque sea del brazo de Arzalluz. En principio, Redondo Terreros defendía la tesis constitucionalistas y había que contar los votos del congreso para saber cuál era su salud política, porque lo de la "revolución de terciopelo" sonaba fatal.

Pues bien, las noticias no podían ser más desoladoras: Redondo no anunciaba su candidatura a lehendakari y la mayoría que respaldaba su lista no pasaba del 51 por ciento. La imagen no podía ser más decepcionante. Sin embargo, la realidad es otra: el respaldo a Redondo es masivo y sólo una pequeña querella interna entre clanes vizcaínos, igualmente contrarios al PNV, impidió una votación más lucida. Para postre la extraña melindrosidad de Redondo le llevó a aplazar su nombramiento para tener un respaldo total con lo que incluso ha abierto la posibilidad de que se le presente en una primarias Rosa Díez, a la que insensatamente se ha dejado fuera de la ejecutiva. No es probable pero es posible. Pero en conjunto, el congreso supone una victoria rotunda de los defensores de un socialismo democrático y español. Sucede, simplemente, que el PSOE tiene un grave problema de imagen.
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