Trabajo, Hacienda y la lotería de Giménez-Reyna

Federico Jiménez Losantos
Rápido ha saltado Aparicio al cuello dialéctico de Arroyo, que el lunes quiso salvar a la ONCE, es decir, salvarse él, de sus responsabilidades en el caso Gescartera. ¿Y por qué esta rapidez de Aparicio en ponerle los puntos sobre las íes al Presidente de la ONCE? Pues porque de los dos ministerios de los que depende la poderosa maquinaria de “los ciegos”, el de Trabajo tiene mucho menos que ocultar que el de Hacienda. Y es que Hacienda se llama Enrique Giménez-Reyna, la clave del escándalo de Gescartera y puede que la clave del escándalo de las loterías. Si Rato ha dicho en el PP que a Reyna “ni se le defienda ni se le ataque”, en Trabajo y en la ONLAE --las loterías del Estado-- le tienen muchas ganas al ex-Secretario de Estado de Hacienda. Y a la ONCE.

Según la información de Encarna Pérez en “La Vanguardia” del 30 de Agosto, el dimitido Secretario de Estado era, desde hace años, algo así como el “hombre de la ONCE”, el que defendió siempre los intereses particulares de la organización de los ciegos frente a la Organización Nacional de Loterías y Apuestas del Estado, circunstancia tanto más irregular si se tiene en cuenta que la ONLAE depende precisamente del Ministerio de Hacienda. La pelea entre las Loterías del Estado y la ONCE a cuenta, por citar el último caso, de la lotería instantánea “Rasque y Gane” no sólo permitió comprobar la capacidad de presión de la ONCE sino la fidelidad de Reyna a esta organización a la que ya ahorró una tributación del 20% de los premios de sus sorteos siendo todavía Director General de Tributos, nombrado por Rato. Pero la ONLAE tiene también sus vendedores, como la ONCE, jurisdicción del Ministerio de Trabajo y por eso bien puede decirse que Aparicio respira por la herida. Por una herida que apenas ha empezado a sangrar, políticamente hablando.

Porque de esa actuación del dimitido Giménez- Reyna como “conseguidor” de la ONCE se deriva probablemente la entrada en juego, nunca mejor dicho, del encarcelado Camacho. Él se enteró del gran negocio de la lotería “Rasque y gane” que pretendía la ONLAE y que Giménez-Reyna reconsiguió para la ONCE y en lo que Camacho quiso participar. No sabemos, aunque acabaremos sabiendo, cómo lo consiguió. Sí sabemos como trató de salvar a través de la ONCE el tinglado de Gescartera.y sus cien trajes de Armani, y cómo lo consiguió (o se lo consiguió Giménez-Reyna) convenciendo a la CNMV de las bondades de una fundación para asegurar las pensiones de los discapacitados. Todo muy conmovedor si detrás no hubiera cientos de miles de millones de pesetas y una estafa de tamaño descomunal.

Se supone que eso es lo que que va a investigar el Parlamento, salvo que desde el principio se pretenda limitar a las golferías de Camacho el daño que para la Hacienda Pública venían representando las actividades de Giménez-Reyna. Y de la ONCE, claro. Da la impresión de que dentro del Gobierno están más al tanto del verdadero calado de este asunto, de esta corrupción de corrupciones, que en una despistadísima Oposición. Pero más pistas no les pueden dar.
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