Suena muy bien, pero falla la letra

Federico Jiménez Losantos
La asignatura política favorita de Aznar es el Terrorismo. No es la que mejor se le da, porque al fin y al cabo en Economía ha tenido años de sobresaliente y en Terrorismo no ha alcanzado la matrícula de honor, que sería liquidarlo, pero le gusta examinarse de semejante “hueso” oralmente y con público, porque siempre está bien. La última lección del Presidente del Gobierno no ha sido una excepción. Se ha mostrado sólido en los principios, decidido en las formas, contundente en el fondo y hasta elocuente, porque al nacionalismo y al terrorismo les tiene tomada la medida dialéctica. Tras la salida de Mayor Oreja, y dado el escaso entusiasmo de Rajoy por esta materia, no cabe duda de que Aznar es el mejor ministro del Interior de este Gobierno.

Sin embargo, aunque la música suene bien, seguimos echando en falta una letra nueva, que se adapte a la partitura de los sucesos del 11 de Septiembre. El exhibicionismo separatista de Ibarreche, la reaparición provocadora del jubilado Setién, seguramente para conjurar el posible efecto negativo en la banda de la nueva situación internacional, los irrintzis del Capo dei Capi, Xavier Arzallus, muestran que el nacionalismo en sus distintas variantes y complicidades terroristas sí es consciente de que las cosas se le pueden poner peor, sobre todo si miran al efecto irlandés del Once de Septiembre. En cambio, el Gobierno viene transmitiendo la penosa impresión de que salvo felicitarse por las nuevas perspectivas internacionales de la lucha contra el terrorismo, no ha sido capaz de concretar nada nuevo, ni en lo legal, ni en lo judicial, ni en lo político.

Rajoy, sea por razones psicológicas o políticas, transmite una impresión más dubitativa o hamletiana que decidida. Aznar resulta mucho más convincente. Pero ni uno, ni otro, ni tampoco Acebes en Justicia, presentan a la opinión pública esas iniciativas nuevas que animen a la ciudadanía española a creerse que estamos, efectivamente, en una nueva época, que se ha terminado el larguísimo luto por las elecciones vascas y que se vuelve con renovados bríos a la lucha contra el terrorismo y el nacionalismo, dos caras de la misma moneda, como lo son el fundamentalismo islámico y el terrorismo. Bien está que Aznar siga sonando bien. Pero si mejorara la letra, es decir, si al Gobierno se le ocurriera algo nuevo para luchar contra ETA y sus cómplices, sonaría aún mejor.

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