Derogación del PHN

Sosomán y sus desaladoras mágicas

Federico Jiménez Losantos
Es difícil encontrar, incluso en la sórdida y sombría historia del PSOE, un alarde de sectarismo cegato y de burla de los intereses nacionales como el de la anulación por decreto del Plan Hidrológico Nacional, perpetrado oficialmente el 18 de junio de 2004. Si se tratase de un simple cerrojazo ejecutivo, incluso legislativo, sería malo pero acaso remediable. Lo peor es que a la derogación del PHN en el Consejo de Ministros se ha añadido una alternativa presuntamente real: esa docena y media de desaladoras que, en teoría, compensarán a las regiones del sureste español por la anulación del Trasvase del Ebro. Como toda obra humana, esta era discutible y, ecológicamente hablando, todavía más. El Plan Desalador no lo es: prácticamente nadie duda de que su impacto ambiental, tanto en el consumo de energía como en el imposible reciclaje de la salmuera y de los inmensos esqueletos de esos dinosaurios industriales de apenas quince años de vida, es mucho mayor y mucho peor que el del Trasvase.
 
¿Por qué se hace, entonces? Parece bastante sencillo, aunque evidentemente resulte humillante: porque así lo quieren los separatistas de Esquerra Republicana de Cataluña, que lo pusieron en el segundo lugar de sus prioridades al darle el Gobierno a Maragall. Y el PSC se ha limitado a pasar al cobro esa factura, que Zapatero ha pagado sin dudar. Es uno de tantos papelajos que el presidente del Gobierno ha endosado con una firma rápida al dorso, sin darse cuenta de lo reversible de los cheques, sobre todo sin fondos. Cataluña manda, pero, ¿qué Cataluña? La que ni gobierna ni deja gobernar, la que sólo parece tener el objetivo de impedir el desarrollo valenciano para mantener una hegemonía en unos hipotéticos Països Catalans en vez de desarrollar sus propias capacidades competitivas, que las tiene, en una España razonablemente solidaria. El separatismo, ni hace ni deja hacer. Y el PSOE, lo respalda.
 
Si el PSOE no hubiera tenido en tiempos de Borrell un plan similar al del PP e incluso mayor, hasta del doble de agua trasvasada del Ebro, el asunto sería discutible. Pero ese plan existió. Si en Aragón no hubiera existido un Pacto del Agua entre todas las fuerzas políticas, cuya clave era el plan de actuaciones y obras para modernizar el abastecimiento de aguas agrícolas y urbanas en tierras aragonesas, el PP podría pasar por un bárbaro que incumplía los acuerdos. Pero ese Pacto existió y esas actuaciones están cumplidas o en trance de acelerado cumplimiento en el PHN. Cargarse ahora el Trasvase invalida las obras y deja el proyecto patas arriba, a merced de cualquier eventualidad política o, simplemente, de cualquiera con ganas de enredar. Aragón ha hecho el trabajo sucio de la Cataluña nacionalista, pero ahora comprobará que el daño a Valencia y Murcia no le es de ningún provecho, al contrario. Eso, si el tripartito no acaba echándole la culpa a Marcel.lí de lo que han hecho Carod y Maragall. Al tiempo.
 
Cuando llegó inopinadamente a la Secretaría General del PSOE, a Zapatero le llamaban sus propios compañeros “Sosomán”. Diríase que al llegar aún más inopinadamente a la Moncloa ha convertido a la Desaladora en su símbolo nacional, o sea, desnacional. Las Desaladoras Mágicas de ZP van a conseguir el milagro de que el agua dulce extraída del Mediteráneo sea más cara, más contaminante, más tardía y, por supuesto, peor para beber y para regar que el agua dulce del Ebro. Eso sí, con diez o doce propietarios de campos de golf que meta en la cárcel el fiscal Bermejo, asunto concluido. ¡Será por fiscales! ¡Será por bemoles! ¡Será por desaladoras! ¡Será por salero! ¡Olé Zapatero!
 
A continuación