"Sonrojios" parlamentarios y la tarea de Ana Pastor

Federico Jiménez Losantos

A los políticos, como a los obispos y a los melones, hay que catarlos; esto es, hay que probarlos cuando llega la oportunidad, del político y del catador. Todos saben que desde hace mucho tiempo he defendido que Ana Pastor sería una buena Presidenta de un Gobierno de coalición PP-C´s, en el caso, para mí deseable, de que Rajoy diera un paso atrás. Pero está claro que en las elecciones del 26J una mayoría no por escuálida menos evidente ha preferido continuar con Rajoy o que Rajoy continúe. Y Mariano, como todos los líderes, tiene al partido cogido por las listas electorales, el área más sensible de la grey culiparlante, siéntese en el Congreso o el Senado.

Ahora bien, lo mismo que hemos de asumir el saldo de las urnas los que creíamos mejor para España y para el propio PP que en vez de Rajoy el candidato hubiera sido Pastor, Casado o Cifuentes, los rajoyistas deben ir aceptando que tienen Presidente pero no tienen cómo formar un Gobierno que dure más de tres meses sin acudir a Albert Rivera, sí, el mismo al que en el último vídeo de campaña el PP tuvo la desvergüenza de pedir el voto (“Albert, vota PP”) para “desperdiciarlo”. Sin los “desperdicios” de tres millones doscientos mil ciudadanos que merecen más respeto, Rajoy y sus marianos estarían comprando gorros para el solazo en la cola del INEM. Empecemos, pues, a respetarnos todos, que de todos dependemos todos.

La verdadera Vicepresidencia Política

Como Mariano prefiere empezar a gobernar con sus escuálidos 137 escaños, es evidente que la mayoría gubernamental se irá formando en las negociaciones parlamentarias, porque cualquier ley de cualquier ministerio deberá contar, al menos, con el placet de Ciudadanos. Y eso supone que la pactada y muy pensada mayoría de 5 en la Mesa del Congreso (3 del PP + 2 de C´s) frente a los 4 de la Oposición (2 del PSOE, 2 de Podemos) será el Superministerio de Relaciones con las Cortes o la Vicepresidencia Política de las Cortes en el Gobierno, pero en ambos casos a cargo de Ana Pastor.

Esa es la tarea mediata de la Presidenta del Congreso, tercer cargo del Estado, tras el Rey y el Presidente del Gobierno. Pero la inmediata, en mi opinión, es dignificar el propio Congreso de los Diputados. Acabar con la abulia de acebuche de Posada y el pasotismo progre de Patxi López, que ha permitido que en la Cámara que representa nada menos que la Soberanía del Pueblo Español, fuente de legitimidad de todos los cargos y leyes, se rompa la Constitución o se convierta en una burla a la ciudadanía el juramento o promesa del cargo de diputado, como ha sucedido, esperemos que por última vez, con el desembarco de la horda agropecuaria podemita. Si Pastor aspira a desempeñar bien su función política para que el Gobierno funcione, lo primero que tiene que hacer es dignificar el Parlamento. No se podrá gobernar desde las Cortes, como es imperativo en esta legislatura, si los diputados no respetan la propia institución parlamentaria. Y eso supone sancionar fulminantemente, por la vía económica y reglamentaria, a todos los que no respeten a todos los españoles que, aun sin haberlos votado o incluso votando contra ellos, les pagamos un sueldazo todos los meses.

Juego de tronos y el “sonrojiante” Cañamero

Es intolerable que, para prometer o jurar el cargo que les da acceso al sueldo y a las numerosísimas gabelas y sinecuras del cargo, cualquier lerdo se ponga lírico o farruco burlándose de esa Ley a la que vienen a servir. No debe tolerarse más, so pena de ser suspendido de empleo y sueldo, que los titiriteros de Podemos aprovechen el juramento para mostrar su condición de fatuos semianalfabetos  y su propósito de atropellar los derechos de los ciudadanos que no son de su cuerda. El voto es “sí” o “no”, sin los escolios que inventaron los etarras (“Por imperativo legal”, decían. ¡Naturalmente! ¡No iba a ser por imperativo mineral o criminal!) y que han culminado en la farsa de Iglesias, Bescansa y su tribu agrocéfala, con Cañamero al frente.

Pero la curiosidad de ayer se ha trocado en hastío, hay gente que ya no le pasa una a la banda de la Morgue de la Complu y para ridiculizar el número del juramento echaron mano de Juego de tronos, esa serie que Pablenin le regaló al Rey, ¡cómo si los Borbones no supieran de intrigas! Y la favorita en los memes y bromas es “Carolina de la Casa Bescansa, la Primera de su nombre, Heredera del Laxante, del Abrótano Macho y del Televés de su Farmacia, reina de los vándalos y de los primeros hombres de Atapuerca, Brazo del Septón, Mano del Rey Loco” y otras khalessiadas.

Bescansa convirtió en photo-call la apertura de la legislatura pasada diciendo que una madre no podía dejar ni un minuto a su bebé, al que dio de mamar en público con estúpida y señoritil falta de respeto a las mujeres trabajadoras que ni pueden ni deben hacerlo con el niño puesto y muy especialmente a las diputadas que antes y después de la Guerra se han abstenido de orear la teta en el hemiciclo y de hacer eructar a sus criaturas sobre los fotógrafos. Esta vez, con el bebé en guardería o adopción, quiso chupar cámara con un juramento que, siquiera por conciencia de clase, debería prohibirse. ¡Una multimillonaria gallega abusando de un pastor de cabras de Alicante!  Porque la añeja bachillera de la Complu echó mano del pobre Miguel Hernández como si fuera un mozo de su botica : «no soy de un pueblo de bueyes,  / que soy de un pueblo que embargan / yacimientos de leones, / desfiladeros de águilas / y cordilleras de toros con el orgullo en el asta. / Nunca medraron los bueyes / en los páramos de España».

Que Carolina de la Casa Bescansa, Enésima de su apellido, Regina Neanderthalensis, etc, cuelgue el orgullo de los antitaurinos de Podemos de la punta de un cuerno es ridículo. Pero la bravura le duró poco: tras meterse con los pobres bueyes, la Madre de Tragones repitió el mantra de Pablenin: “Prometo acatar esta Constitución y trabajar para cambiarla. Nunca más un país sin su gente, nunca más un país sin sus pueblos”. Y todos tras él. Ni los cabestros de Florito obedeciendo a la vara del Mayoral de Las Ventas. ¡Qué sumisión bovina, qué poca casta brava! Si el caporal lo ordena, veo en la próxima sesión a Errejoncillo y su pandilla repitiendo:  “Volverán las oscuras golondrinas, de tu balcón sus nidos a colgar…”  O anunciando su IspanTV: “Abenámar, Abenámar, / moro de la morería…”

Es intolerable que estos gapanes del intelecto y trincapatés de la política insulten a todos los españoles que les pagamos el sueldo diciendo que no hemos sido ni pueblo ni gente hasta que ellos entraron en las Cortes. Y que lo hagan, precisamente, para negar la soberanía del Pueblo Español. Pero menos tolerable aún es que venga Cañamero, el dizque jornalero con las manos más finas que Soraya de Persia, haciendo propaganda del matón Bódalo, condenado varias veces por golpear a ciudadanos indefensos para imponerles por la fuerza la huelga que no quieren hacer. La última fue por apalear a un socialista. La penúltima, por pegarle a la cajera embarazada de un supermercado al que entraron a robar el Cañamero, el Bódalo y demás.

Siempre en el tono festivo que Atresmedia / La Sexta, el segundo  Frankenstein que se le ha ido de las manos a la Doctora Soraya, emplea para ganar audiencia y dinero sacando a los de Podemos “mañana, tarde y noche”, entrevistaron al diputado Cañamero, que ha debutado en la sede del Poder Legislativo diciendo que “hay que incumplir las leyes injustas”. Pero cubría ese torso que tanto admira Teresa Rodríguez una camiseta con una imagen de Bódalo, entre Hugo Chavez y Paquirrín y le preguntaron cómo era posible que desde el Templo de la Ley pidiese vulnerar las leyes y que pidiera la libertad de un condenado por apalear socialistas y embarazadas. ¡Cómo se puso el jefe del SAT, SOC o como se llame ahora la franquicia de Sánchez Gordillo! “¡Da igual lo que digan ustedes o los jueces! ¡Bódalo no agredió a nadie!”, imprecaba a los contertulios. “¿pero cómo que no ha agredido a nadie si tiene varias condenas por agresiones?”, se enfadaban ellos. “¡Falso, todo falso!”, voceaba la novísima estrella de La Sexta.

Y entonces, en ese belén del despotismo podemita habilitado por el PP, alguien puso en duda el juicio de Cañamero sobre Bódalo porque le  acompañaba en el asalto a un Mercadona. Y va Cañamero y dice que eso no es robar, aunque Cáritas se negó a admitir lo que no se habían quedado los apaleadores de embarazadas. Pero al ver que estaba confesando su participación en un delito, va y dice: “lo hicimos para que se sonrojieran”.

En ese mismo Congreso de los diputados do pisa Cañamero, Azaña contestó para rebatir un argumento de un diputado de la oposición: “si su señoría no se sonroja, permítame que yo me sonroje por su señoría”. Entre aquella filigrana del sonrojo prestado y los “sonrojios” de Cañamero hay algo más que ochenta y cinco años: una civilización. La gran tarea de Ana Pastor es meter en vereda a cabestros y piafantes, bípedos y cuadrúpedos, para que del Congreso salgan leyes y no coces. En la política nacional, lo más urgente es el respeto a la Ley. Después, la alfabetización de adultos. 

A continuación