Son peores los jueces que las leyes

Federico Jiménez Losantos
Hace ya mucho tiempo que el mayor obstáculo en la lucha antiterrorista no son las leyes, aunque éstas sin duda siguen siendo demasiado “garantistas” para el delincuente y ominosas e insultantes para la víctima. Por eso mismo, bien está que las leyes se reformen en el sentido que pretende el Gobierno. Pero, como bien decía el político liberal, “que hagan otros las leyes y que me dejen a mí los reglamentos”. Ya se puede endurecer el Código Penal todo lo que el Legislativo considere oportuno, que si luego llega el Judicial y lo interpreta en el sentido contrario nos quedaremos como estamos. Incluso peor. El último escándalo –por desgracia, no el primero, ni el segundo, ni el cuarto– protagonizado por la juez Ruth Alonso demuestra que mientras los jueces encargados de aplicar la legislación antiterrorista no cambien, cambiar las leyes sirve de muy poco. Si acaso, para deprimir todavía más a la ciudadanía.

Es evidente que la nueva hazaña de la juez no se habría producido sin el movimiento corporativo que se produjo cuando desde el Gobierno y no pocos medios de comunicación se denunció su sistemático trato favorable a los presos etarras. Las asociaciones judiciales y el CGPJ prefirieron tapar las vergüenzas, porque vergüenzas son, de su colega. Y el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco, seguramente por encima o por debajo del corporativismo patológico de las tribus judiciales y más sujeto al terror que reina en todo el País Vasco, se esmeró en respaldar a esta juez, cuyo comportamiento sólo deja indiferentes o públicamente impávidos a los jueces, pero escandaliza a toda España.

El resultado, a la vista está. Si Aznar y Michavila tuvieran menos prisa en ganar puntos electorales y se preocuparan un poco más en poner orden dentro del proceloso mundo judicial es muy posible que ETA tuviera más motivos para preocuparse. Mientras las leyes contra el terrorismo las apliquen jueces como Alonso, ya pueden endurecerlas lo que quieran porque ellos las ablandarán lo que les dé la gana.
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