Solana, Zapatero y Felipe en el alero

Federico Jiménez Losantos
La valoración respetuosa y positiva que ha hecho Javier Solana del informe de Colin Powell en la ONU sobre las armas poco secretas y las públicas violaciones del alto el fuego por parte de Sadam Husein deja en muy mal lugar la demagógica, improvisada e inconsecuente postura del PSOE sobre el conflicto iraquí. Después de haberse abonado a la postura de Francia y Alemania de no respaldar ninguna acción bélica contra el régimen iraquí sin el aval del Consejo de Seguridad de la ONU, Zapatero no ha resistido mucho en una trinchera que los propios alemanes están a punto de abandonar y los franceses probablemente también. Pero en lugar de seguir al abrigo de tan cómoda cautela, se ha liado la manta de las encuestas a la cabeza y ha proclamado con pasmosa desvergüenza que España no debe respaldar ninguna acción militar contra Irak, ni con el aval de la ONU ni sin él. Puesto que el aval debe darse en función de las pruebas contra Sadam y de la posibilidad o no de obligar al dictador iraquí a cumplir con la legalidad que él mismo acató, firmó y juró respetar en el “alto el fuego” de 1991, es evidente que Zapatero se ha proclamado instancia política y moral superior a los USA, a la OTAN, a la ONU, al Parlamento español y a la Unión Europea, es decir, a Javier Solana, presunto portavoz europeo para los asuntos de Defensa. Y en el PSOE vale todo, menos ésto último. Porque Solana es Felipe y Polanco o viceversa. Y esa es la auténtica Secretaría General del partido de Largo Caballero, Negrín, Alfonso Guerra, Narcís Serra y Roldán.

Zapatero se ha convertido en el primer figurante del “casting” de los pijoprogres del cine. Si su discurso ante Aznar fue intelectualmente liliputiense, si patético resultó conceder la representación de la “calle” a una banda de fatuos titiriteros venidos a más (o politicastros venidos a menos) a costa de su propio valor como representante de la soberanía popular, enfrentarse a los verdaderos amos de la Izquierda ex-pañola –que no son Zapatero, Blanco y Caldera– puede convertirlo otra vez en el pim-pam-pum del guiñol de Canal+. En rigor, Zapatero repite la operación demagógica que en su día perpetraron Felipe González y el propio Javier Solana con el “OTAN, de entrada, no”. Lo mismo que el audacísimo “clan de la tortilla” aspira a llegar hasta el mismo borde del abismo y que caigan los demás, a hacer el gasto y que otros paguen las copas. Pero además de que las guerras de los norteamericanos por regla general terminan pronto y las ganan ellos, Aznar empezará tarde o temprano a recuperar terreno, en las encuestas y en el Parlamento. En el debate, sin hacer un gran discurso, trituró a Zapatero. Cuando verosímilmente se produzca un respaldo de la ONU a la acción de los aliados contra Irak, Pujol y los canarios reconsiderarán su postura. Y al final Zapatero puede quedarse a solas con Arzallus y con Izquierda Unida, que no suele ser una compañía rentable para los presuntos sucesores de González. Que le pregunte a Joaquín Almunia.
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