Sin Messi, sin MIR y sin El Prat: he aquí el 'prusés' definitivamente sostenible

Federico Jiménez Losantos

Pocas veces la Cataluña separatista ha dado tantos motivos de satisfacción a la no separatista y al resto de España en tan pocos días. Messi se ha ido del Barça, aunque no el Barça de Messi; y Sánchez ha anunciado la liquidación de los MIR, acreditada fórmula de acceso a la medicina en toda España, para que a Cataluña sólo vayan los que ya estén dentro, y que el Estado invertiría 1.700 millones de euros para ampliar el aeropuerto de El Prat y convertirlo en hub, para conectar líneas de corto y largo recorrido.

Lo primero es lo esencial para el separatismo ya que el 'Farça' ha sido el buque insignia internacional del 'prusés', el que persuadió a los tractorios de que si el equipo de Guardiola, Xavi y Messi, sobre todo Messi, ganaba cuatro o cinco Champions, aunque sean menos de la mitad de las que lleva el Madrid, la UE saludaría feliz el advenimiento de la república independiente de Cataluña como nuevo Estado. No era una deducción razonable, pero era un sentimiento, y desde el filósofo Montillóteles sabemos que "no se puede legislar contra los sentimientos", si son separatistas, claro está. Contra los otros sí se puede: Ley de Memoria Histórica, inmersión lingüística o TV3.

El Barça, ministerio de Exteriores del 'prusés'

Alguna vez he dicho que el Nou Camp, desde la llegada de Pujol al poder, ha sido el Nüremberg del separatismo catalán. Y no es metáfora: ahí tuvo lugar el primer gran congreso del odio a España tras el Manifiesto de los 2.300. Han pasado cuarenta años y todo sigue igual, o sea, mucho peor. La infatuación racista, multiplicada por la futbolera, ha alimentado ese sentimiento de superioridad ideológica, política y moral que hermana a la Izquierda, al separatismo y a todos los fundamentalismos y totalitarismos, que, en la Cataluña actual, tienen exhaustiva y acumulativa presencia.

Pero, de creer a García Domínguez, lo que convirtió el sentimiento xenófobo del 20% de la población en marea de rencorosa vanidad que alcanzó el 45% fue el Barça, poco a poco reducido a Messi. Tanto, que el club era La Caixa Forte de los Messi, y su generosidad en dejarse pagar el triple que otras estrellas futboleras se le agradecía infinitamente. ¿Por qué? Porque no habían conocido otro Barça que el de Messi, que lleva allí desde los 12 años, edad mental del aficionado al fútbol, y sin ellos no sabrían vivir. Pero como no se puede ir contra los sentimientos y Pujol convirtió el separatismo en forofismo, cuando el año pasado Messi dijo por burofax que se iba porque no le podían pagar lo que quería, la fábrica de mentir y robar que es el sistema mediático de la Cataluña del 'prusés' se activó y llegó por unos minutos a cumplir con la tarea básica del club, que era pagar a Messi.

El separatista Laporta, con Giró detrás, había vuelto y su campaña electoral se basó en un cartel ante el Bernabéu, prueba de la enajenación mental de su tribu, y en la continuidad de Messi, con el placet del astro rosarino. Urdió un pago de dos temporadas en cinco años, estafón catarí, pero como no ha podido vender los recién comprados, porque el Barça ha seguido fichando como si no debiera 1.000 millones, acabó pidiéndole que se rebajara el sueldo al doble de Ronaldo y luego al triple de Mbappé. Tal ofensa no fue aceptada por los Messi, que querían irse el año pasado y se han acabado yendo éste, por una razón: el amor a los colores… del euro. "Si dicen que me lo deben todo, ¿por qué no me lo dan?", se decía. Y a la respuesta de que no tenían, respondió como Trapero: "Molt bé, pues adéu".

Del mismo modo que el 'prusés' catalán ha contagiado toda la política española de la mano de Sánchez, el rencor separatista detrás del 'messismo' ha infectado al madridismo, vacunado de sus pesares post-Cristiano con el nuevo Bernabéu. Ante cada noticia sobre la ruina siempre desmentida del Barça, el madridista sonreía viendo avanzar las obras del mejor estadio del mundo, icono fulgurante del Madrid de Ayuso, el de la Libertad y España, frente a la tiranía separatista y la ruina económica que arrastra consigo. Si Messi firmaba su renovación cada semana, pero no firmaba, el madridista veía tranquilamente la marcha de Ramos y de Varane, como incluso los que lamentamos la de Cristiano entendimos que eso de que en el Madrid nadie está por encima del club, luego hay que demostrarlo. Y se ha demostrado.

El madridismo y El Chiringuito de Pedrerol

En justa reciprocidad al odio del 'Farça', el madridista que ve en el césped retráctil del nuevo Bernabéu la tumba de la Barcelona del disseny, de Cobi y del 92 se ha sentado, Mahou en mano, a ver en el Chiringuito de Pedrerol como digiere la gent blaugrana el fin de la Era Messi, sólo dos días después de que en ese sanedrín de silencios teatrales, exclusivas a golpe de sonido y aspavientos del "periodismo deportivo de bufanda", otra cepa del virus separatista catalán que se ha extendido por toda España, que por supuesto, Messi seguía y seguiría siempre en el Barça. Y se reían de los madridistas que dejaban irse a Ramos, gentecilla sin dinero ni sentimientos.

Por razones de horario y porque no me gusta que me repitan catorce veces las cosas, no veo El Chiringuito, pero animo a ver los del jueves y del viernes, porque ahí está retratada esa sociedad enferma que es la del 'prusés', la del sentimentalismo tóxico, el irracionalismo, el forofismo como forma de ser y estar en la vida. Todos los forofos futboleros se parecen, lo que no tiene parangón en el mundo es la enajenación colectiva de la Cataluña de las dos últimas décadas, que son los años que lleva Messi en el Barcelona. Sin entrar en lo personal -que, aunque ojiplático, respeto, porque el futbol tiene estas cosas- escuchar y, sobre todo, ver los silencios mortificados del Lobo Carrasco, las lágrimas de Jota Jordi que además contaba que llevaba llorando dos días con su hijo -le pondrá un querellón en pocos años, por manipulación de menores- y a Cristóbal Soria, versión agradaora del Justo Molinero del 'prusés', entre otros que no conocía y en los que destacaban los madridistas, muertos educadamente de risa, ha supuesto para mí, que no los había visto sin prisas, una experiencia intelectual extraordinaria, a medio camino entre el charco popular del timo y el navegador de nieblas del psicoanálisis, que estudié con Massotta en aquella Barcelona de los 70.

No todo es timo en esa academia del aspaviento, claro, aunque timo sea la continua exhibición de sentimientos heridos; y no todo es digno del diván de Freud, aunque alguno parece estar para que lo encierren y, ya con la llave a buen recaudo, lo cuiden profesionales de la salud mental. Y digo parece, porque locos del todo no están, ya que no podrían timarnos; pero muy cuerdos tampoco, porque no entrarían en trance con tal facilidad. En fin, que estoy asombrado tras acercarme a esta tribu opinadora que, por lo que dicen, ha sido modelo y ahora es ejemplo de otras zaragatas televisivas. De no ser por el destape de la monumental estafa del 'prusés' futbolero, me la habría perdido, no diré ahorrado.

Echo en falta dentro de la eterna culpabilización de 'Madrit', a Díaz Ayuso en esta bancarrota azulgrana. Terracita a terracita, ella ha labrado la prosperidad económica de su Comunidad y ha acarreado la insolvencia del Barça. Pero pronto quedará clara esta línea de responsabilidad messifóbica: Tebas-Florentino-Ayuso-Aznar-Abascal. Y Mourinho, claro, detrás. A ver si vamos a olvidarnos de Mourinho, que, como Messi, empezó en el Barça.

Para qué médicos, para qué aviones

Naturalmente, al lado de esa hecatombe planetaria que es la salida de Messi del Barça -no del Barça de Messi, que lo llevará en el bolsillo como uno de esos llaveros de ámbar con bicho raro dentro-, lo de quitar el MIR para llegar a profesional médico en Cataluña es una nadería. Sin Messi en el Barça, ¿a quién le importa vivir y morir? Bueno, morir, sí, que es dejar de quejarse y la queja es la otra vida, la mejor, del profesional del 'prusés'. Pero si se admiten la inmersión lingüística, la persecución del español, las multas y ataques a quienes no sigan las normas del 'prusés', ¿por qué iban a sorprendernos o molestarnos que se prohíba el acceso a la medicina en Cataluña de cualquier español, si sobran todos?

Lo que pretendía el Estatuto de Autonomía afeitado por el Tribunal Constitucional, contra el que se alzó Montilla y que ahora quiere desafeitar Sánchez, era una legalidad sólo para catalanes y nacionalistas, sin jueces ni fiscales que debieran su cargo a unas oposiciones para toda España, y no al comisariado político-lingüístico de la República Enmascarada del 'prusés'. Y si eso se busca para jueces y profesores, ¿por qué no para los médicos? ¿Que eso empeorará la atención profesional a la salud de los catalanes? También lo hace la falta de jueces, fiscales, policías y profesores. ¿Y qué?

Lo único que realmente importa a la casta política nacionalista es el Poder, todo el Poder, sin injerencia exterior, o sea, española, ni interior, o sea, de los catalanes no nacionalistas. ¿Que se van las empresas? Mejor. ¿Que los más valiosos emigran? Mejor. Lo que no está, no estorba. Y al 'prusés' le estorba todo aquello que no controle, empezando por el mérito. Si no se puede amueblar la mente estudiando en el idioma común, mayoritario en Cataluña, no hay por qué suponer que el intestino merezca más respeto.

Con la Agenda 2030 hemos topado

Esa marcha hacia la ruralidad entendida como odio a la ciudad y al turismo, del que viene viviendo más que bien desde hace décadas, pareció sufrir un parón definitivo cuando Sánchez anunció la inversión de 1.700 millones de euros para acometer la gran ampliación del aeropuerto de El Prat. Se trataba de impedir que Barajas se consolidase como único hub español para el tráfico aéreo americano, africano, europeo y eventualmente asiático. Y aunque estaba pedida hace tiempo la partida para mejorarlo, alguien del PSC decidió adelantarse y poner a El Prat por encima del detestable Madrid.

Pero un gran aeropuerto simboliza todo lo que las mafias ecologistas consideran incompatible con los objetivos de Davos, Agenda 2030 y 2050, que han decretado el final de la carne, del dinero y del avión como medio de transporte, en favor del tren, la bicicleta, el patín y otros ecotrastos finos y sostenibles. ¿E iban los comunistas de Madrid y Barcelona a tolerar esa gran inversión, sin consultar a los mosquitos y a los concejales de Colau?

Los que siguen creyendo que el separatismo catalán es sólo un afán de dinero y, sólo en segunda instancia, de Poder, anunciaron un silencio estratégico de la Izquierda Sandía o rojiverde para trincar los 1.700 millones de euros, olvidándose del estado del Planeta hasta después de gastarlos en sus carísimos proyectos ecochic. Pues no: como en el caso de Messi y de los médicos, el separatismo prefiere la ruina rural a la prosperidad urbana. A los tres días del anuncio ya habían creado un frente contra la ampliación de El Prat los verdes de Podemos, los de Errejón y la verdosa Ada Colau. La razón municipalista es que no se había consultado previamente la inversión. ¡Cómo si pudieran anunciarse los atracos al Presupuesto de este género!

Hasta desahuciar La Masía

López de Uralde, el publicista de Greenpeace uncido a Izquierda Unida y Podemos, se explicó tan confusamente que nadie entendió por qué podía ser malo lo que con él sería bueno. Menos mal que entonces llegó la CUP y lo aclaró: que nadie diga que lucha contra el cambio climático haciendo aeropuertos. Se trata de acabar con el sistema capitalista y el crecimiento, siempre insostenible, no de poner parches y, menos aún, de disimular la cultura del pelotazo como hazaña con ínfulas ecologistas. Menos aviones, menos turistas y menos Co2. Barcelona ya apostó por el decrecimiento económico y esa política no debe abandonarla nunca, hasta la ruina total.

Como ese es en el fondo el mensaje de Davos, la Agenda 2030 y demás tinglados ecoprogres, doy por hecho que la ampliación de El Prat ha muerto antes de nacer. Y confieso que me alegra tanto como lo de Messi. Sin crecimiento económico en Barcelona, adiós a los Messi de ayer y hoy. Los separatistas ricos, a Catar. El resto, a ver cómo prospera Madrid y el nuevo Bernabéu nos acerca a más Copas de Europa. En sólo una semana, el separatismo catalán ha hecho soñar a los españoles, sobre todo madridistas. Debe insistir en esa línea de coherente pobretería, hasta que desahucien al Barça de La Masía. ¡Y qué gran programa haría Pedrerol sobre sus ruinas! Tampoco me lo perdería.

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