Opinión

Sin alternativa pero aún sin votos

Federico Jiménez Losantos
A punto de empezar ya la campaña oficial, que siempre añade excitación al relativo entusiasmo de los asendereados candidatos, lo que estamos viendo con respecto a los programas de los dos grandes partidos es exactamente lo que suponíamos: que el del PP existe y el del PSOE no. En realidad, el PP está haciendo un esfuerzo para que no se note tanto que su auténtico programa es la acción de Gobierno de Aznar y que el gran mérito de Rajoy es haber sabido ser el mejor segundo de Aznar, hasta el punto de ser adoptado por el César Cincinato antes de retirarse a Yuste de Onésimo. Propone seguir en esa línea política y económica, y ni puede ni debe hacer otra cosa, aunque se entiende que la continuidad no despierte el entusiasmo de la novedad. Ni falta que hace.
 
A veces, se le ocurren a Rajoy cosas brillantes en su línea de mesocracia tranquila, como esa de que lo que ellos quieren desde el Gobierno es conseguir que “la gente viva mejor”, no sé si precisó “un poco mejor”, que habría cerrado el círculo virtuoso de la oratoria pastueña, pero así se entendió. Lo de “ser felices”, la búsqueda de la felicidad, no es ninguna tontería: está en la primera constitución democrática del mundo, la norteamericana, y es difícilmente mejorable como voluntad de ser libres y vivir por cuenta propia, no por delegación del Estado, la Clase, el Partido o la Tribu. No otra cosa queremos los liberales: que el Gobierno no ponga demasiados obstáculos a nuestro afán por ganarnos la vida honradamente y mejorar nuestra condición en la de nuestros hijos. Y si remueve alguno de los obstáculos tradicionales, mejor.
 
Ahora bien, es un error contraponer en campaña electoral ese programa máximo de clase media a los graves conflictos nacionales que tenemos planteados, como sugieren algunos titulares tan bienintencionados como torpes. Ni se puede ni se debe oponer el hablar del terrorismo y de la creación de empleo, del separatismo y de la prosperidad económica. El éxito de Rajoy consistiría en unir el horror a la aventura socialseparatista y la satisfacción por lo logrado en los últimos años, es decir, provocar el miedo a perder lo conseguido. Sólo eso le dará los votos que no tiene, aún no, aunque enfrente no tenga ni alternativa ni nada.
 
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