Siempre tratando de dignificar el crimen

Federico Jiménez Losantos
Si la mitad del nacionalismo vasco no fuera terrorista, podría pensarse que Arzallus tiene una afición pintoresca e irrefrenable por las metáforas bélicas. Pero cuando la mitad de los representantes de los ciudadanos del País Vasco tienen que acudir al Parlamento con escolta, porque en cuanto pueden los nacional-terroristas los asesinan, jugar a la guerra de boquilla o proclamarse “casi en guerra” testimonia una querencia siniestra, una turbia voluntad de afirmarse en la violencia y cobrar los créditos que ese chantaje pueda recabar en España y Francia, pero negando que el PNV tenga nada que ver con ella. Es decir: recogiendo las nueces pero proclamándose ajenos a los que sacuden a tiros el árbol.

A estas alturas, el PNV ya no engaña a nadie. La “guerra” es el terrorismo etarra y el “casi” es la complicidad con los terroristas de la tribu sabiniana. Y si llamarle guerra al tiro en la nuca testimonia tanto desprecio por los militares como aprecio por los terroristas, el “casi” conserva toda la vileza de la inmoralidad, toda la duplicidad de un partido que siendo de Gobierno va contra las leyes, que siendo de todos los vascos va contra la mitad de los vascos, que diciéndose demócrata y amigo de la libertad, por lo menos de la “libertad de los pueblos”, compite con los etarras en esclavizar a la mitad de su pueblo, la que no comulga con las ruedas de molino nacionalista. La que no se rinde pese a la “guerra” de ETA y el “casi” del PNV.

Arzallus es “casi” demócrata, “casi” pacífico y “casi” europeo. Le falta el “casi”. Para ser demócrata debería defender que los vascos que no piensan como él y los etarras, es decir, los vascos no nacionalistas, tuvieran el mismo derecho al futuro que los demás. Pero no es así: hoy viven bajo el terror y mañana, si Arzallus se saliera con la suya, se morirían de asco en su casa o de pena en el exilio, como doscientos mil vascos ya. Para ser pacífico, Arzallus debería estar con las víctimas del terrorismo, ayudándolas, y no con los verdugos, justificándolos. Pero su única preocupación en materia terrorista es que los criminales participen de sus merendolas tribales en la campa. Y para ser europeo en términos políticos, Arzallus debe ser demócrata y pacífico y su proyecto político no cabe en Europa porque no es una cosa ni la otra. Es un monstruo totalitario que nunca se hará un hueco en la Unión Europea. La diferencia de Arzallus con los líderes de Ucrania o de Moldavia, aparte de las diferencias radicales entre sus países de origen, es que ni ucranianos ni moldavos tienen a Cuba como “modelo de referencia” ni piensan construir su futuro europeo de la mano de una banda criminal y a expensas de la mitad de sus poblaciones. Por mucho que el PNV trate siempre de dignificar el crimen, en crimen se queda. Y por mucho que trate de hacer indigna a Europa, la UE es demasiado digna para que junto a la democracia española pueda aceptarse la dictadura euskaldún. Los cursis de la tribu aranista llaman ahora “espadas” al tiro en la nuca. Puestos a manipular el Evangelio en clave europea, deben de llamar “arado” a la subvención. O una cosa o la otra. Y como a la complicidad con el terrorismo nunca renuncian, olvídense de Europa.
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