Opinión

Servicios de la Inteligencia Hortofrutícola

Federico Jiménez Losantos
No cesa el “fuego amigo” contra el Gobierno Aznar. Cuando no es Rato es Trillo; y cuando no es Trillo, es Rato; cuando no es el Ministerio de Defensa es el Grupo Parlamentario, y cuando no, los agentes dobles presuntamente destacados en el PRISOE, que en realidad son agentes del PRISOE destacados en el Gobierno del PP. El nombramiento de Dezcallar, hombre de confianza de Felipe González y casi súbdito marroquí, para dirigir a los espías del CNI, que es el CESID de toda la vida, sigue produciendo los efectos naturales de una elección guiada por el centrismo acomplejado y suicida, modelo Eduardo Serra. Por cierto, gran padrino del CESID de los GAL y de los papeles de Manglano, que tan escaso rédito político procuraron al Gobierno del PP.

Después del fracaso espectacular de nuestros agentes en Marruecos, que se enteraron de la toma de Perejil por la televisión de Mohamed VI, lo normal habría sido proceder a una reestructuración a fondo de una inteligencia que políticamente está demasiado embotada como para rendir el menor fruto. No cabe dudar del talento natural de nuestros espías, ni de su preparación y valor, ni siquiera del talante pastueño y componedor de Dezcallar, que querrá que todo cambie para que siga igual o viceversa, sin romper un plato. Pero cuando se trata de operaciones militares en las que se juegan muchas vidas y cuando España está dentro de una auténtica guerra contra el terrorismo internacional que va a durar, como poco, muchos años y probablemente toda la vida, ciertas jaimitadas, indiscreciones y frivolidades son sencillamente inaceptables.

Trillo ha pasado de la retórica inflamada del viento de levante al camuflaje de una ocupación militar en una comarca de Irak como una especie de turismo social en una amable zona “hortofrutícola”. La Inteligencia Nacional, que tiene un papel insustituible y creciente en la seguridad de España, no puede seguir presa de los complejos derechistas y la doblez izquierdosa, del burocratismo de ayer y de la oficiosidad de hoy, prodigándose en episodios grotescos como este de las filtraciones automáticas de los secretos de Estado. Si Polanco quiere montar contra Aznar una operación como la de la BBC contra Blair, allá él, pero lo menos que cabe pedir a Dezcallar y a Trillo es que ayuden al Gobierno. Y está claro que eso es pedir demasiado. ¿Qué tal si Aznar le limpia La Casa a Rajoy antes de que en otra hazaña hortofrutícola nos quedemos sin Perejil?
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