Se atreven contra ETA, no contra la Secta

Federico Jiménez Losantos
El espectáculo de abdicación intelectual y capitulación moral de los columnistas de "El País" tras el vomitivo artículo de Cebrián contra el PP, el PSOE y todos los que en el propio periódico han defendido la necesidad de una alternancia democrática en el País Vasco sólo sorprenderá a quienes desconozcan el estilo genuinamente estalinista que impera en lo que no es un periódico sino una secta político-cultural donde lo único que no se discute es la obediencia, o sea, la consigna. Todo lo demás, es decir, todos los demás, en las letras, las artes, la política o los negocios pueden ser objeto de análisis despiadado, campaña difamadora o apuñalamiento informativo. Sólo la línea jerárquica, la consigna, la sumisión al Comisario Jefe, siempre Cebrián, ni admite dudas, ni permite pluralidad ni tolera disidencias. En cuanto a los sectarios, obedientes, pueden plantar cara valerosamente y jugarse la vida contra ETA, pero no se atreven a jugarse la pertenencia a la secta. Es triste y puede parecer increíble. Por desgracia es sólo evidente, inapelable, indiscutible.

Si ni siquiera en algo tan de conciencia, tan íntimo, tan aparentemente irrenunciable como las posiciones mantenidas en torno a las elecciones del País Vasco, los Pradera, Santos Juliá o el mismísimo Savater, protagonista no involuntario de estas elecciones a través de la plataforma "¡Basta ya!", se atreven a plantar cara al Comisario Cebrián para reivindicar no sólo su derecho a defender lo que han defendido sino a seguirlo defendiendo y manteniendo, en ese u otro periódico, ¿quién creerá en la independencia de tan presumidos y vanidosos moralistas? Como sucedía con los comunistas en tiempos de Stalin, que para algunos por lo visto son eternos, se puede arrostrar el terror, la tortura y la muerte contra los enemigos oficiales, pero no la expulsión del partido, de la Iglesia Roja, de la comunión de los elegidos a la sombra del Jefe, Señor de la Historia. El antecesor de Beria como jefe de la NKVD dijo en la Lubianka antes de ser ejecutado: "Díganle a Stalin que muero con su nombre en los labios". Pradera, Juliá y demás pontífices de la superchería intelectual de su empresa, acaso el propio Savater, pueden ahora publicar otro manifiesto "Ante el acoso", por las críticas que Cebrián ha recibido en "ABC", e incluso en "El Mundo", cuyo derrotismo ha ayudado a corregir. También pueden mandarle un telegrama a Cebrián: "Juan Luis, me has convencido. Nos vemos en la Akademia; o mejor, en el Batzoki". Con suerte, a lo mejor los perdona. Fuera de la Secta hace mucho frío.

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