Sarasola y la cueva de Alí Babá

Federico Jiménez Losantos
Si la investigación de los crímenes del GAL se detuvo en Barrionuevo antes de que pudiera "estigmatizar" a González, los casos de corrupción del entorno monclovita se han detenido en Sarasola, pero sin llegar a afectar al propio "Pichirri", que parece que tiene bula en asuntos de alto bordo. Desde el Metro de Medellín hasta las torres inclinadas o torcidas de KIO, decenas de miles de millones afanados por "Pichirri" en tareas de mediación para las que no hace falta más inversión en maquinaria que la de un móvil y un restaurante próximo, ya deberían haber excitado el celo de la Justicia hace muchos años. Sucede al revés. Por algún extraño mecanismo que no debe de ser muy legal y que en todo caso está en las antípodas de la moral, Sarasola se ha ido de rositas en todos los asuntos multimillonarios en los que ha participado, siempre a la sombra de González o con González a su sombra. Asombroso, en cualquier caso.

El lunes rebajó el fiscal la petición de cárcel para los "Albertos": cuatro años. Más o menos como llevarse un casette de un coche rompiendo el cristal. Estos han roto la Castellana y se han llevado decenas de miles de millones. Hay prevaricación y cohecho más que presuntos de por medio y hay, en el centro, el amigo del todopoderoso González repartiendo juego y comisiones y consiguiendo recalificaciones. ¿No habrá un solo juez en la Plaza de Castilla al que la ominosa sombra de las torres inclinadas ante el Poder que las levantó le invite a cumplir con su obligación y a llevar hasta el final la investigación de las andanzas de Sarasola? Ahora ya no se puede "estigmatizar" a un presidente del Gobierno. Pero la escandalosa impunidad de Sarasola extiende los "estigmas" de la corrupción de lo más alto a lo más bajo de la Judicatura, afean el rostro de la Justicia, vulneran el principio de legalidad y convierten el decoro de la Nación en lo más parecido a la virtud de La Celestina.
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