Sánchez e Iglesias eligen como socio preferente a la ETA

Federico Jiménez Losantos

El miércoles 20 de mayo de 2020 pasará a la Historia de España como el día en que el gobierno social-comunista de Sánchez e Iglesias, tras insultar al PP y a Vox, segunda y tercera fuerza nacionales, presentó a la ETA como socio de Gobierno. La excusa fue aprobar la quinta prórroga del Estado de Alarma, pero eso lo tenía asegurado ya con el apoyo de Ciudadanos, que añadió al deshonor del voto liberticida la sórdida compañía de la banda que, con el pistolero Otegui a la cabeza, no deja de actualizar su condición terrorista en el País Vasco y Navarra. Ese mismo día veíamos afrentosamente embadurnada de rojo la casa de Idoia Mendía y su marido, ambos dirigentes del PSE, atentado que no condenaron Otegui, Bildu ni su portavoz en el Congreso. Sánchez ni siquiera lamentó el ataque: elogió la buena disposición de Bildu y su portavoz le correspondió con su abstención… a cambio de derogar por completo la reforma laboral del PP.

El pacto con la ETA lo había hecho Sánchez

La mísera rendición de Ciudadanos quedó completamente apagada por el bombazo informativo. Si querían ser protagonistas exhibiendo un centrismo que consiste en situarse entre los defensores de la Nación y la Constitución y el bloque de Poder que forman socialistas, comunistas y separatistas, terroristas incluidos, quedaron bien retratados, pero sin foto. Los habían llamado cuando ERC no consiguió todo lo que había pedido para volver al pacto constituyente del Gobierno antiespañol y liberticida. Acudieron como chihuahuas de alquiler, y aceptaron el medio mes legal en vez del mes entero ilegal, tras ladrar un poquito su centrismo "por el bien de los españoles", sin cálculo electoral o personal, que eso queda, según Bal, para los partidos "de la vieja política". La nueva es pactar con la ETA.

Pero dejemos a los centristas miríficos enterrar su cadáver exquisito. Al día siguiente se supo que, lejos de sorprenderse por el documento para liquidar, con la excusa del Estado de Alarma, la reforma laboral de Báñez, Lastra había negociado y firmado lo que le mandó personalmente Sánchez. Que el lunes, dos días antes de anunciarlo en el Parlamento, el documento estaba firmado y que, además, lo había redactado Bildu. Iván el Horrible urdió su clásica trola diciendo que Sánchez no se había enterado de lo que Lastra, fidelísima a Sánchez, pero intelectualmente limitada, había firmado. Antes, el PSOE sacó una nota diciendo que lo firmado no era la derogación total. Pero lo era. Y por si acaso, al día siguiente salieron Iglesias y Otegui a decir que lo firmado era lo firmado y los pactos estaban para cumplirlos.

Ahora resulta que la ETA "salva vidas"

Que lo dijera el vicepresidente era grave; digno de El padrino que lo dijera el pistolero llamado "El Gordo", que según la policía participó en el secuestro de Javier Rupérez y en el atentado casi mortal contra Gabriel Cisneros, uno de los siete padres de la Constitución, justo cuando se estaba redactando, y tal vez delatado por alguno de los otros seis, como defensor de la soberanía nacional. El atentado fue a las puertas de las mismas Cortes en las que ahora reaparecían Otegui y su banda como socios del Gobierno.

El diputado soriano se salvó de que lo remataran por su delgadez, que le permitió meterse bajo un coche aparcado, con varias balas dentro. Ahora, en las mismas Cortes, el PP y Vox, que vienen de UCD o AP, son atacados mientras bildutarras o simplemente etarras, como Otegui, son alabados. La razón, dijo al otro día Simancas, y repitieron las grullas del Gobierno, es que se trata de "salvar vidas". Así que, empeñado el PP en el crimen, como repitió el sábado Sánchez, sin mover un músculo de su cara de mulo, ¿hay alguien mejor que la ETA para evitarlo? Bastantes muertos del PSOE dan fe en sus tumbas de la humanitaria condición de la orden pacifista etarra.

Es difícil encontrar un sarcasmo tan abyecto, un alarde tan criminal, un desprecio tan siniestro a las víctimas del terrorismo como los exhibidos por Sánchez, sus aliados políticos, los abajofirmantes del Estado de Alarma y la Potemkin mediática que ampara y difunde sus fechorías y atrocidades. ¿Alguien podía creer que esa alianza de sangre y oro iba a disolverse sola?

La Derecha biempensante, malmenorista, sesteante, miedica, creyó durante un par de días o tres en la crisis definitiva de Gobierno. No era para menos: ¿a quién se le ocurre dejar el mercado laboral, en plena crisis y negociación con la UE, a merced de comunistas y terroristas? Hasta El País hizo un editorial amenazando con "dejar sin cobertura" a Sánchez. Ja, ja y ja. Nadia Calviño dijo que era "absurdo e inconveniente" derogar ahora la reforma laboral, y se publicó que "se había plantado", "había dimitido" y "había frenado al Vicepresidente Segundo", o sea, al comunista Iglesias.

Los comunistas mandan en todos los ámbitos

Pero ni Calviño había dimitido, ni amenazó en serio con hacerlo. Libertad Digital contó que el Gobierno consiste en un núcleo duro político, formado por Sánchez Iglesias y Redondo: un núcleo técnico, con Calviño, Escribá y Yolanda Díaz; y dos trotaconventos: Carmen Calvo y Montero. El resto del interminable Consejo de Ministros está para aplaudir y punto.

La entrada de ETA en el núcleo duro del Poder -hasta ahora limitado al Gobierno, PNV y ERC- no es casual ni efímera. Todos los díscolos del gabinete, empezando por la ministra de Defensa, han tragado y tragarán. Otegui, con todo el prestigio del crimen, es el mejor aliado de Iglesias y su estrategia, que es la de la ETA y la Esquerra, el PNV y los catanazis, de aprovechar la crisis sanitaria y económica para cambiar de raíz el régimen constitucional, haciendo irreversibles las reformas legales que permite la excepcionalidad del Estado de Alarma. Por ejemplo, aprobar por Decreto-ley, sin tener que llevarla al Congreso como Ley Orgánica, la derogación de la reforma laboral del PP. Algo de lo que puede felicitarse Ciudadanos.

Bildu-PSE-Podemos, tripartito vasco y navarro

La estrategia política y electoral de Sánchez, que para él son lo mismo, se basaban en dos tripartitos, en Barcelona y Madrid, diseñados por Roures en su mansión: PSOE-Podemos-ERC, con la presidencia catalana para ERC y la nacional para el PSOE. Un tercer tripartito de extrema izquierda aparece como base para mantener en el Poder a Sánchez: Bildu-PSE-Podemos. Por supuesto, si salen los números. Si no salen, la negociación con el PNV será algo más onerosa, pero, ¿quién dijo dinero? Nunca les ha preocupado a los comunistas ni el trabajo ni la solvencia de los ciudadanos: sólo el Poder. El refuerzo de la ETA no sólo es una burla criminal a todos los españoles, sino la prueba de que el cambio de Régimen va, a toda prisa, hacia la Dictadura

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