Ruiz Polanco se tapa con Garzón

Federico Jiménez Losantos
Tratándose de jueces españoles, pensar mal no es un acto de malicia sino un saludable ejercicio de memoria. Recordando y atando cabos se explican algunas cosas que, de otro modo, resultarían inexplicables. Así, podría parecer que el juez Ruiz de Polanco, con aquel pintoresco episodio del rifirrafe con el etarra decorando su biografía profesional, estaría ahora desbarrando al reaccionar contra el expediente que le ha abierto el Consejo General del Poder Judicial por la sorprendente puesta en libertad del abogado "capomafia" Vioque; por cierto, la segunda libertad escandalosa después de la de otro mafioso llamado Cordero y que también le supuso uno de estos expedientes de abrir y cerrar. ¿A qué viene que, ante esa gravísima acusación que flota en el aire de favorecer jefes mafiosos, Polanco alegue ante el Consejo que él "no ha revelado secretos del sumario"? ¿Está mal de la cabeza, disparata o la respuesta tiene gato encerrado?

Pensemos mal y probablemente acertaremos. Para empezar, el Consejo no se ha atrevido a ir al fondo de la denuncia, que se refiere a la puesta en libertad del "capo" y se ha ido por las ramas de la incontinencia verbal del juez, huésped de todas las radios que le llaman. Cobardía clamorosa del CGPJ y cautela legal, porque no es fácil entrar en las prevaricaciones imaginarias, salvo, naturalmente, en el caso de Liaño. Pero es que a propósito de lo que el Consejo le imputa, Polanco tiene un escudo formidable, que es la cancelación o archivo del expediente abierto a Garzón por la revelación de secretos de sumario en el libro perpetrado al alimón con Pilar Urbano. Además de defenderse de lo concreto, siendo menor, Polanco recuerda para los que no pueden olvidarlo que, después de Garzón, revelar secretos del sumario no es que sea legal es que está incluso bien visto por el Consejo General del poder Judicial. O sea, que, salvo que a Ruiz Polanco se le aplique la doctrina Liaño, cosa dudosa, puede irse a dormir tranquilo. Después de Garzón todo es posible, todo queda impune, todo se archiva debajo de la alfombra.

La impunidad de Garzón tapa a Polanco, a Ruiz Polanco y a Polanco Ruiz, si existiera. Los atropellos y arbitrariedades del Consejo General del Poder Judicial se han convertido en una garantía, en un seguro de vida para cualquier juez que saque los pies del plato o que se lleve el plato a casa. Quien siembra vientos acaba durmiendo con el ventilador.

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