Roma no paga traidores y el PSOE está sin fondos

Federico Jiménez Losantos
Los ataques de Simancas a Gallardón por su supuesta participación en la supuesta trama para evitar que el PSOE gobierne la Comunidad tuvieron durante el debate de falsa investidura una sorprendente respuesta por parte del Presidente en funciones, que se unió a los socialistas en su abandono de la cámara cuando hablaba Tamayo. Esa forma de solidarizarse con sus adversarios, precisamente cuando éstos acusaban al PP de haber comprado a los dos “despojos humanos”, retrata a Gallardón, que nunca considera que ha halagado lo suficiente a los socialistas ni humillado lo bastante al PP. Pero está teniendo una respuesta por parte del PSOE que parece extraída de la historia fabulada de Viriato: “Roma no paga traidores”, ni siquiera les agradece el gesto. Al contrario: los hace objeto de más denuncias, descalificaciones y feroces imputaciones.

El colmo del desprecio del PSOE por Gallardón es que el ostentoso gesto de ponerse al lado de los socialistas contra Tamayo y, de paso, contra Esperanza Aguirre está siendo interpretado por la Izquierda como una forma de borrar las huellas de su participación en la trama dichosa. De nada le ha servido una trayectoria de puñaladas por la espalda a su propio partido, de servilismo hacia Polanco y de untuosa obsequiosidad con Leguina, el hombre capaz de comprar, él sí, al tránsfuga Piñeiro para que Gallardón no llegara al Poder. Hasta ahora, todo el montaje del PSOE contra el PP a propósito de su guerra en la FSM ha sido tan desvergonzado de formas como ayuno de pruebas judiciales. Acaso contaban ya con el silencio de Gallardón, que podía tomarse por aquiescencia. Pero en todo caso no han sabido ni querido valorarlo. Antes bien: en sus acometidas sonámbulas, no vacilan en tratar de cargarle el muerto de su propio cementerio. Es uno más de los elementos chuscos en este esperpento, que todavía dará hoy más de sí.

No sabemos si en otras circunstancias el PSOE habría respondido con generosidad a los continuos gestos obsequiosos de Gallardón. Seguramente, tampoco. Pero es que ahora está además sin fondos. Y donde no hay harina, todo es mohína.
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