Rodeados por fuera o rotos por dentro

Federico Jiménez Losantos
El panorama político español después de los comicios vascos no puede ser más preocupante. Los peores resultados autonómicos del nacionalismo en toda su historia, como bien ha recordado Borrell, están produciendo paradójicamente verdaderas convulsiones en las dos grandes fuerzas políticas españolas, PP y PSOE, firmantes hace apenas unos meses del pacto por las Libertades y contra el terrorismo con general aplauso y reconocimiento. De todas formas, lo peor no es lo que pasa sino lo que puede pasar. Ni sobre el futuro de los socialistas ni del de los populares puede hoy asegurarse nada y eso es precisamente lo peor que puede pasar en un panorama político que exige solidez y perseverancia.

Nicolás Redondo Terreros superó este viernes con menos desperfectos de los previstos una situación de cerco absoluto a sus posiciones por parte de los más variopintos oportunistas de la familia sociata. Los de la testimonial e inútil Izquierda Socialista, como De la Rocha; los del guerrismo añejo, como Ibarra; los antiespañoles estratégicos y patológicos como Maragall; los exdirigentes del PSOE en la época de sumisión al PNV, que fue también la del GAL, como Jauregui y Benegas; todos cargaron contra el PSE por una cosa o por otra.

Sucede que entre todos ellos no reúnen ni la mitad de mérito que los socialistas vascos y el temor a perder uno de los pocos activos que tienen ha podido más que esa falta de vergüenza que exhiben hasta los que más tienen que callar y que tapar. Que se atrevan a criticar los resultados de Redondo dirigentes como Benegas, que sacó muchos menos cuando era candidato, o como Ibarra, que sigue promoviendo peregrinaciones a la prisión de Barrionuevo y Vera, amén de hacer la apología de Galindo, sorprende por su impudicia, asombra por su iniquidad.

Lo que sucede en el PP es muy distinto pero igualmente grave. Mayor Oreja ha vuelto a mostrar signos de alarmante debilidad al decir, precisamente ahora, que la política del País vasco debe hacerse desde allí y no desde Madrid. En el caso de los socialistas, eso supondría defender las posiciones contra ETA y el PNV; en el caso del PP es una autocensura del propio Mayor, que ha hecho todos estos estos años la política vasca desde Madrid a través de Iturgáiz y en perjuicio de otros dirigentes populares más solidos pero menos obedientes. ¿Y desde cuándo el PP, que felizmente sigue defendiendo el "ámbito español de decisión" sobre el futuro del País Vasco, se ha convertido a la superstición "abertzale" del culto al localismo como solución de un problema nacional?

Nos gustaría equivocarnos y no ver en estas manifestaciones de Mayor la falta de solidez y seguridad en las propias fuerzas y en el proyecto del PP que viene apuntando desde el 13-M y que se han convertido en el principal problema del PP después de los comicios. Ojalá sea una sutileza democristiana apuntando al PSOE y no una muestra de blandura de remos en la dirección del PP. Ojalá. De otro modo, entre los rodeados por fuera y los rotos por dentro, los políticos españoles del País vasco van a quedar como unos zorros. Y todo, por hacer, simplemente, lo que debían hacer.

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