Gallardón

¡Quién te ha visto y quién te ve!

Federico Jiménez Losantos
Del Alberto Ruiz Gallardón que sucedió al “traidor” Jorge Verstrynge a la diestra de Fraga al que traicionó a Herrero de Miñón y Aznar por Hernández Mancha en el congreso extraordinario de la sucesión de don Manuel había pocos años y muchas intrigas. Del Gallardón que no rechazó ser el candidato de Polanco para impedir la legítima llegada de Aznar a la Moncloa en 1996 a éste que en 2003 se proclama devotísimo seguidor del estadista de la calle Claudio Coello y aparece con él y Ana Botella, su compañera de candidatura, en el balcón de Génova 13 para recibir el aplauso de la multitud, hay más años y un abismo de recelos, rencores, odios y puñaladas. Del Gallardón que no quería ni ver a su partido, empezando por Manzano, al que se proclama sobre todo y ante todo un hombre del PP, partido al que adjudica todo el mérito de su victoria hay un mundo de distancia. O un país.

Pero quizás en cada uno de los casos lo que hay es la distancia entre el hombre y su ambición, que en su caso es a la vez infinita y ninguna. Porque Gallardón es su ambición, y esa ambición política es tan inseparable del político que, a estas alturas, ya ni él debe distinguir entre lo que es y lo que anhela, puesto que tanto anhela su ser.

Hay un punto cómico y hasta grotesco en estos aspavientos de fidelidad por parte de Gallardón, perito en desafecciones, pero a nadie puede sorprender que el hijo pródigo se despepite en elogios al padre, cuya despreciada herencia columbra en el horizonte. No es mucho peor Gallardón que los demás candidatos a la primogenitura electoral del PP, sólo que como es el último en llegar, se le nota más. El esfuerzo y el entusiasmo.

La Biblia glosa piadosamente la inmensa alegría del padre por el hijo que creía perdido y vuelve a casa, donde es agasajado por encima de los demás. De los hermanos fieles que nunca se fueron y asisten al alborozo por la vuelta del golfo, nada se dice. En este caso, lo que piensan Rato, Mayor y Rajoy ante la súbita fortuna política de Gallardón, tampoco lo sabemos. Pero nos lo figuramos.

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