Crónicas americanas

¿Quién quiere en USA ayudar a Argentina?

Federico Jiménez Losantos
Entre los grupos sociales que en Estados Unidos se oponen a los préstamos financieros a los países iberoamericanos en general y a la Argentina en particular seguramente el primero y sin duda el que tiene más razones para hacerlo es el de los hispanos. Díganle a un argentino que ha debido cerrar su empresa, abandonar su familia y hasta perder de vista a su equipo de fútbol porque entre el despilfarro estatal, la mafia sindical y el latrocinio político han arruinado a su país y le han forzado a venirse a los USA a empezar de cero, es decir, de menos cero, para no morirse de hambre o de asco, que parte del dinero de sus impuestos debe ir a enjugar el déficit financiero de Argentina. No digo un uruguayo, un chileno o un paraguayo, vecinos y por tanto rivales de la patria de Borges. No: un argentino de los que ha conseguido legalizarse tras varios años de esfuerzo y que trabaja en Florida o en Nueva York de sol a sol y hasta sin ver el sol para salir adelante. ¿Quién lo convence de que su dinero estará bien empleado ayudando a financiar el nuevo endeudamiento del sistema político que lo ha llevado al destierro? ¿Quién lo persuade, tras leer que Menem y su secretario no sólo traficaban con armas sino que blanqueaban dinero en Mallorca, dinero blanco o negro que no sueña siquiera con que recupere alguna vez su país de origen?

Nadie sabe mejor que un argentino avecindado en los USA que ayudar a su Gobierno, es decir, al Gobierno de su país natal, a conseguir más dinero prestado, todavía más y más caro, sin haber puesto orden en el gasto público y en los ingresos fiscales es tirar el dinero y agravar la ruina. Nadie sabe mejor que un colombiano refugiado en Nueva Jersey que ayudar económicamente a Pastrana es como darle un cheque a Tirofijo. Nadie sabe mejor que un centroamericano refugiado en California que darle dinero a un Gobierno para ayudar a los necesitados es obligar a los más pobres a depender todavía más de un Gobierno que robará toda o casi toda la ayuda regalada por los USA.

Los que en su propia carne han sufrido los efectos de un sistema corrompido e ineficiente son los que más seriamente se oponen a esa especie de beneficencia para los malos, amnistía para los ladrones y crédito para los que no merecen crédito que suelen ser los préstamos del FMI. Por eso, si bien nunca va a faltar en los USA ayuda privada para remediar una catástrofe natural –inundaciónes, volcanes, terremotos– y menos aún si es de los hispanos para sus compatriotas damnificados, cada vez será más difícil que la opinión pública norteamericana apoye este tipo de ayuda a los países que se han convertido ya en morosos profesionales. Y cuantos más millones de hispanos haya en los USA, menos millones saldrán de los USA para esos países que expulsan a sus propios hijos y luego les piden ayuda para seguir derrochando. El principio e incluso el negocio de la compasión funcionará siempre con las personas. Con los países, no. Ni tiene por qué.

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