¿Quién le pone el cascabel a Garzón?

Federico Jiménez Losantos
En buena lógica, este mismo lunes la Comisión Disciplinaria del Consejo General del Poder judicial debería apartar a Garzón de la Audiencia Nacional por la revelación a su hagiógrafa Pilar urbano de secreto de sumario, en realidad de bastantes secretos de bastantes sumarios a su cargo. Además de haber constatado ya --por la reciente recusación de un narcotraficante-- que la prodigalidad informativa del juez atenta contra la eficacia legal de sus funciones, hay un precedente clarísimo: el juez Moreiras fue apartado de la Audiencia por revelación de secreto de sumario en una entrevista al diario "ABC". En buena lógica, insistimos, el CGPJ debería tomar contra Garzón las mismas medidas, como mínimo, que tomó contra Moreiras.

Pero la lógica no tiene nada que ver con la Justicia española, y está reñida con la parte más politizada y por ende más podrida de la misma que es la del llamado Gobierno de los Jueces, en realidad gobernado por la disciplina de partido y las venganzas de clan. Además de parciales por su politización, estos politijueces no dudan en comportarse de forma que a la opinión pública le resulta caótica y arbitraria. Como sólo responden a su comisariado político y no a la lógica, es dudoso, aunque de ninguna manera imposible, que este lunes corten en seco la carrera de Garzón. Si lo hacen, obedecerán a sus propias leyes, reglas y costumbres. ¿Y si no lo hacen?

Si no lo hacen, será porque Garzón está muy a buenas con la facción felipista-polanquista del CGPJ tras su alevosa actuación contra el juez Liaño y también está en excelentes términos con el PP por su esforzada actuación en materia antiterrorista, con lo que compensa sus fechorías felipistas. Así las cosas, ¿quién le pone el cascabel a Garzón? Ni a la progresía ni al Gobierno les apetece descabalgar al falso quijote Garzón de su presunto Rocinante, que pasado por Pilar Urbano es simple Clavileño, caballete ridículo, rocín de palo con cohetería incorporada. O sea, que si siguen actuando como hasta ahora, añadirán un motivo más de escándalo entre los jueces decentes y la opinión no fanatizada. Y si, para variar, actúan con arreglo a la lógica y a la justicia, organizarán un escándalo político mayúsculo. Apostamos por lo primero, porque en lo que se refiere al CGPJ hay que ponerse siempre en lo peor. Pero la sorpresa habita en el caos.
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