País Vasco

¿Quién es Ibarreche para negociar nada?

Federico Jiménez Losantos
El PNV lleva tanto tiempo junto a los terroristas que ha acabado repitiendo sus mismos métodos de atraco y extorsión. La ETA, como toda mafia que se precie, sólo pasa a cobrar “protección” a los empresarios , tenderos o rectores que previamente ha asaltado en sus personas o bienes. Primero, la agresión; luego, la oferta de “mediar” entre agresores y agredidos; finalmente, el acuerdo sobre el chantaje. El único problema de pagar una vez el chantaje es que ya no puedes dejar de hacerlo, salvo desaparición de una de las dos partes. El único problema de sentarse a negociar una cierta paz con el PNV es que nunca vas a poder levantarte de la mesa, porque ya se encargará él de que no haya paz para seguir negociando, o sea, extorsionando.

El PNV, en una de sus manifestaciones que es el presidente del parlamento regional Atutxa, desobedece abiertamente al Supremo y se niega a disolver la facción etarra cobijada bajo unas siglas parlamentarias. El PNV, en otra de sus manifestaciones, que es el presidente del gobierno regional o autonómico Ibarreche, se ofrece a “sentarse” para “negociar” la desobediencia de Atutxa nada menos que con Aznar y Zapatero. No es posible imaginar otro modelo más acabado de bombero pirómano que este del PNV. Con una sola excepción, claro está: la ETA, que primero mata y luego dice que quiere negociar y, luego, si alguien cae en la trampa de negociar con ella pero no acepta sus condiciones, vuelve a matar, y después a ofrecer negociación, y así hasta la derrota de una de las dos partes. Exactamente igual que con todas las mafias del mundo.

¿Quién es Ibarreche para negociar nada, salvo un cómplice más del delito cometido por el grupo parlamentario de su partido y encabezado por Atutxa? Este hombre, presa del mal de altura y de su propio vértigo fuguista, se ha creído que es ya el presidente de la república soviético-bananera de Eusko Rico y aspira a tratarse de igual a igual con sus “homólogos”. Pero su “homólogo” no es el Rey, ni el Presidente del Gobierno de España, ni siquiera el diputado Zapatero. Su homólogo es Mayor Oreja en el Parlamento vasco y Rodríguez Ibarra en otra comunidad autónoma española. Y Mayor le ha dicho con toda claridad lo que hay que hacer con las sentencias: cumplirlas.
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