Opinión

Que el Gobierno se lo pida a Polanco

Federico Jiménez Losantos
La campaña del imperio polanquista –o polankista– en defensa del PNV y de su golpe de Estado contra la Constitución está batiendo todas las marcas de la mendacidad intelectual y de la alta traición nacional. Porque al nivel de poder de Polanco, todo es alto, altísimo, y sin duda lo es su alevoso distanciamiento de la nación y la Constitución. Si el Rey o el Presidente del Gobierno consideran que son "cosas de Jesús" echar a Redondo Terreros del PSE –lo hizo directamente Cebrián al día siguiente de las elecciones vascas– o inventarse ahora un supuesto "envalentonamiento de la extrema derecha" que identifica con Aznar y el PP, bien para justificar el separatismo del Plan Ibarreche , bien para mantener sus acuerdos de negocios con Arzallus, es evidente que en España hay demasiado mandamás –o mandamenos– bajo el síndrome de Estocolmo.
 
Resulta sencillamente grotesco que Eduardo Zaplana, como portavoz del Gobierno, pida a la ciudadanía que se movilice contra la amenaza separatista; porque se trata del mismo Gobierno que le ha concedido a Polanko el monopolio perfecto de la televisión de pago (cuyas condiciones los propios gestores de Digital + se jactan de incumplir apenas realizada la absorción de Vía Digital), del mismo Gobierno que le permite no cumplir la sentencia del Supremo sobre el antenicidio desde hace cuatro años, del mismo Gobierno que está dispuesto a legalizarle Localia y del mismo Gobierno que se apresta a legalizar el dominio polankista sobre toda la televisión en España, la abierta y la cerrada, la nacional y la local, a través de la infame Ley de Acompañamiento Presupuestario. ¡Y ese Gobierno es el que nos llama a todos para que acudamos en defensa de la nación amenazada! Algunos medios acudimos todos los días sin necesidad de que nos llame nadie. Otros, sólo cuando el Gobierno dice "que toca". Pero si el Gobierno de Aznar y Rajoy quiere convocar a los que no defienden a España, que llame a Polanko, que es el que indirectamente –a través de su enorme ascendiente sobre el PSOE– o directamente –apoyando al PNV desde su inmenso imperio mediático– respalda de forma más astuta, traicionera y eficaz esa amenaza a la Nación y a nuestras libertades. Ya está bien de que sigan jugándose la vida los concejales del PP y del PSOE vascos mientras el caudillo de la progresía sigue jugando al separatismo y encima, gracias a este Gobierno, forrándose.
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