Opinión

Pumpido y Peces: ¡Vaya par!

Federico Jiménez Losantos
Si en el Consejo de Ministros resulta difícil discernir la inferioridad intelectual y política más acusada, porque la competencia es mucha, en la opinión pública la elección ya está hecha: Moratinos. Nadie ha ido más lejos en la torpeza, nadie ha respetado menos las reglas de la democracia y hasta de la urbanidad, nadie puede exhibir una situación en el área de su responsabilidad que haya empeorado tanto para España como la de la política exterior en el último año. Cierto es que la responsabilidad esencial es de Zapatero, no sólo por mantenerlo sino por secundarlo y, en algunos momentos como el inolvidable de Túnez, incluso desbordarlo por la izquierda. Pero hay una especie de creatividad negativa en Moratinos, tanto en el fondo como en la forma que hace indiscutible su primacía en esta política vagamente primate o simiesca, todo muecas, visajes, saltos y volteretas. Los más felices con Moratinos son los monos de Gibraltar.
 
Pero en el área gubernamental más allá del Consejo de Ministros, hay dos personajes que pugnan fieramente en demostrar su incompetencia, amén del desprecio sectario a los que no son de su cuerda que suele caracterizar a todo socialista que se precie. Peces Barba y Conde Pumpido están protagonizando una electrizante última recta en la que los aficionados a los caballos aún no saben qué cuadrúpedo sacará una cabeza al otro. Peces empezó muy fuerte su andadura de Alto Comisionado para las víctimas del terrorismo, negándose a ir precisamente a la manifestación convocada por la Asociación de Víctimas del Terrorismo. Un ex-abogado de etarras debería haber tenido, al menos, un poco más de mano izquierda. Pero esa ya la tenía ocupada en dar el brazo a Manjón, que es el numen que guía sus pasos, de charco en charco, hasta el naufragio final.
 
Ahora bien, Conde Pumpido está reduciendo la distancia que lo separaba de los dislates de Peces a tal velocidad que no sólo lo ha alcanzado sino que empieza a superarlo. Eso de seguir defendiendo a Atucha de la sentencia del Supremo que le obliga a disolver a Batasuna como facción de ETA, y encima llamando ultraderechistas a los funcionarios de “Manos Limpias” que hicieron como acusación lo que debería hacer el Fiscal General del Estado, que para eso está, sobrepasa los peores momentos de la escandalosa inepcia de Peces Barba. Estos dos relamidos sectarios, que no se recatan en insultar al PP y a la media España que representa, gozan de la confianza de ZP. Y, lógicamente, están dejando a la altura del betún al Gobierno. Como bien ha dicho Astarloa, habremos de recurrir a la ley para defendernos de estos defensores. A la ley y al ambientador. ¡Vaya par!
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