Primer paso en la buena dirección

Federico Jiménez Losantos
El ministro del Interior, Mariano Rajoy, está consiguiendo éxitos tan notables en la lucha contra el terrorismo y se ha quedado tan solo en sus explicaciones –con los números por delante– sobre la relación evidentísima entre delincuencia ilegal e inseguridad ciudadana que ya casi nadie se acuerda de que es vicepresidente político y primero, amén de uno de los aspirantes cualificados a la sucesión de Aznar. Hace bien Rajoy en dedicarse a su ministerio porque no hay vicepresidencia posible con un presidente tan presidencial. El perfil político del sucesor de Aznar no es el de un centrista más o menos liberal sino el del Hombre Invisible, con algo de Míster Proper, o sea, Don Limpio. Parece que en eso anda don Mariano. Digo parece. A saber.

Ahora, Rajoy ha planteado públicamente la necesidad de que los clubes de fútbol impidan a los “ultras” el acceso al campo, se supone que en cuanto bandas organizadas. La medida es elogiable y va en la única dirección posible: la disolución de ese cáncer de los estadios que acabará por hacer metástasis en la vida civil, como se comprobó tras el último atentado etarra en Madrid. Pero no basta con apuntar a la raíz del problema sino que hay que actuar como está haciendo en la lucha contra ETA, mediante la actuación en círculos concéntricos que vayan estrechando el perímetro de la banda y haciendo cada vez más difícil su camuflaje en la legalidad, desde la que perpetran delitos a su antojo. Y el cerco a las finanzas y a los directivos de los clubes es, sin duda, la vía más rápida para que se tomen en serio acabar con unas partidas de indeseables que ellos crean y mantienen, por cierto, con el aplauso y halago de muchos jugadores.

Suele decirse que si Hacienda se tomase en serio las finanzas del fútbol, casi todos sus presidentes seguirían el camino de Jesús Gil. Pero como la idiosicrasia del directivo futbolero es la de alguien que aspira a la notoriedad y, además, a la respetabilidad social, tiene fácil este Gobierno obligar a Florentino Pérez a cumplir con su obligación. Los ministros –y demás políticos– no deberían volver al palco del Bernabéu hasta que el club no disuelva a los Ultrasur. Ni Piqué al del Barça, claro, mientras no haga otro tanto con los boixos nois. Y así sucesivamente, desde los paisanos “celtarras” de Rajoy hasta los bárbaros del Tenerife o el Zaragoza. Si se quiere, se puede. Y más vale que se quiera ahora porque, si no es así y al paso que vamos, pronto ya no se podrá.
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