Juan de Mariana contra Pedro Sánchez

Federico Jiménez Losantos

Este viernes tuve el honor de recoger el Premio Juan de Mariana en el Casino de Madrid, por primera vez habilitado para celebrar en una gran sala un acto de la categoría que el Instituto imprime cada año a su premio, y que, en el último, por la maldita pandemia, no pudo celebrarse. Era, pues, una vuelta a la normalidad en un ambiente de distinción, noble palabra en desuso que no tiene que ver con el dinero o el fasto sino con la importancia que uno concede a lo que hace. En este caso, honrar la memoria del último y más extraordinario maestro de la llamada Escuela de Salamanca, a la que en puridad deberíamos llamar el Siglo de Oro del Pensamiento Español.

Debo agradecer a cuantos hablaron -José Carlos Rodríguez, Daniel Rodríguez Herrera, José María Marco y Alaska, con Javier Fernández Lasquetty de afortunado telonero- sus palabras en favor de lo que más que una empresa particular es la lucha que desde hace dos décadas largas, lleva el grupo Libertad Digital esRadio en favor de las ideas de Libertad y de España, que creemos y queremos indisolubles. Y como ante la amenaza permanente que sufre la primera y la inminente que padece la segunda había que aprovechar la sabiduría del Padre Mariana, evoqué algunas de las frases que, al honrar al maestro, honran también la fabulosa tradición cultural española, ocultada o desconocida, y retratan la tiranía que hoy actualiza el Psicópata Sánchez.

Retrato de Juan de Mariana por Jaime Balmes

Como hago de forma más extensa en el epílogo de Memoria del Comunismo, a cuya bibliografía me remito, reseñé algunas frases en que se muestra nítida la doctrina de Mariana, reivindicado durante el franquismo por Larraz, Ullastres y Fernández de la Mora, y sujeto, por tanto, a una persecución como la sufrida bajo el valido Duque de Lerma, pero a pies de Carmen Calvo, que es el balido del socialismo y el comunismo en el poder. Y rescaté la viñeta azoriniana que le dedica Jaime Balmes, el precursor del padre de la Escuela Austríaca Menger como dice Huerta de Soto y al que su temprana muerte privó de guiar la vuelta de la derecha política a su raíz natural, la de nuestra Ilustración, el catolicismo español del Siglo de Oro:

Es bien singular el conjunto que se nos ofrece en Mariana: consumado teólogo, latinista perfecto, profundo conocedor del griego y de las lenguas orientales, literato brillante, estimable economista, político de elevada previsión; he aquí su cabeza; añadid una vida irreprensible, una moral severa, un corazón que no conoce las ficciones, incapaz de lisonja, que late vivamente al solo nombre de libertad, como el los fieros republicanos de Grecia y Roma; una voz firme, intrépida, que se levanta contra todo linaje de abusos, sin consideraciones a los grandes, sin temblar cuando se dirige a los reyes, y considerad que todo esto se halla reunido en un hombre que vive en una pequeña celda de los jesuitas de Toledo y tendréis ciertamente un conjunto de calidades y circunstancias que rara vez concurren en una misma persona" (Balmes, O.C. t. XII, 1950).

Doctrina de Mariana contra la tiranía, aplicable a Sánchez

Defensa de la propiedad frente al poder:

"En primer lugar, es necesario afirmar que el príncipe no tiene derecho alguno sobre los bienes muebles e inmueble de sus súbditos, de tal forma que pueda tomarlos para sí o transferirlos a otros. Los que sostienen lo contrario son los charlatanes y aduladores, que tanto abundan en los palacios de los príncipes. Y de ello se infiere que el príncipe no puede poner nuevos tributos sin que preceda el consentimiento formal del pueblo. Pídalo pues, y no despoje a sus súbditos tomando cada día algo por su propia voluntad y reduciendo poco a poco (disminuyendo el peso de la plata en la moneda de vellón) a la miseria a quienes hasta hace poco eran ricos y felices."

Defensa de la legalidad frente a la autoridad real:

"Podrán los reyes cuando lo exijan las circunstancias, proponer nuevas leyes, interpretar o suavizar las antiguas, suplirlas en los casos que se haya previsto; más nunca, como pienso que haría un tirano, cambiarlas a su antojo y acomodarlas a sus caprichos y a sus intereses sin respetar nada las instituciones y las costumbres patrias. Los príncipes legítimos no deben obrar jamás de modo que parezcan ejercer una soberanía absoluta desvinculada de la ley."

(…) "Concedo de buena gana que existe una soberanía regia en todas estas cosas y que, bien por las leyes del reino bien por la costumbre de las naciones, se ha autorizado un cierto arbitrio para asuntos tales como hacer la guerra, administrar la justicia y establecer los magistrados o nombrar los jueces (...); creo, sin embargo, que en otras materias, la autoridad de la comunidad cuando todos han llegado a un acuerdo común, es mayor que la del príncipe."

Adivinación de la rebelión liberal del 4 de mayo en Madrid:

No hemos de mudar fácilmente de reyes, si no queremos incurrir en mayores males y provocar disturbios (…). Se les ha de sufrir lo más posible, pero no ya cuando trastornen la república, se apoderen de las riquezas de todos, menos precien las leyes y la religión del reino, y tengan por virtud la soberbia, la audacia, la impiedad, la conculcación sistemática de lo más santo. Entonces es preciso pensar en la manera cómo podría destronársele, a fin de no se agraven los males ni se vengue una maldad con otra. Si están permitidas las reuniones públicas, conviene consultar el parecer de todos, dando por lo más fijo y acertado lo que se estableciere de común acuerdo". (…)

"Ante todo, debe estar persuadido (el rey) de que no conviene agobiar a España con graves contribuciones; primero, porque una gran porción de ella está llena de fragosidades, peñas y montañas áridas, especialmente a la parte del Norte, pues la meridional goza de un clima más benigno. Muchas veces por la sequedad del aire y la falta de lluvias en el verano, padecemos tal escasez de cosechas, que apenas bastan para cubrir los gastos de la labor; por lo que sería demasiado grave aumentar tanta calamidad del tiempo, con nuevos y grandes tributos. Además, en España los labradores, pastores y otros que cultivan el campo, todos pagan religiosamente la décima de sus productos a las iglesias; por lo que si después de esto, los que no tienen tierras tienen que pagar otro tanto a los señores de las tierras, muy poco debe ser lo que les quede a los miserables para vivir y para que contribuyan al erario: cuando por otra parte parece justo que debían ser aliviados y más atendidos aquellos de cuyo trabajo e industria se alimentan todos los ciudadanos (…). Lo primero porque cesará el lucro por efecto de las escasas compras y ventas, con el que vive la mayoría de ellos, a los que seguirán en la misma suerte los artífices con especialidad, pues estos cifran únicamente su sustento y esperanzas en sus manos y en su trabajo diario."

Mariana describe al Tirano: Rey, Lenin o Sánchez

La defensa de la rebelión contra la tiranía, a ser posible de común acuerdo, y qué mejor acuerdo que las elecciones, de los bajos impuestos y del respeto a los que modestamente se ganan la vida parece redactada en una taberna en vísperas del 4M de Ayuso, cuando al grito de "Libertad" Madrid se alzó contra Sánchez y lo destrozó. Y en Memoria del Comunismo, cuando recurrí a este retrato del tirano por Juan de Mariana porque encajaba perfectamente en el de Lenin, véase si no retrata también a Sánchez:

Tirano, que, podemos decir, en resumen, subvierte todo el Estado, se apodera de todo por medios viles, y sin respeto alguno por las leyes, porque estima que está exento de la ley, y cuando se ocupa de los asuntos públicos, obra de tal manera que todos los ciudadanos se sienten oprimidos por toda clase de males, con una vida miserable, y los despoja de su patrimonio para dominar él solo los destinos de todos".

Mariana destaca tres rasgos en el Tirano: su vileza moral, el atropello de los derechos y propiedades de los demás, y el desprecio sistemático de todas las leyes, sustituidas por su despótica voluntad, que es su única Ley. Dígase si aquel sabio, que tanto sufrió por la Libertad y la Nación, no vio venir a este tirano dispuesto a destruir el Estado, su integridad y sus leyes, con tal de seguir disfrutando del Poder.

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