Ley Polanco

PP-Polanco: los malos tratos hay que denunciarlos

Federico Jiménez Losantos
No es que los precedentes invitaran a pensar en el heroísmo. Si Aznar no se atrevió a denunciar a Polanco por su nombre ni siquiera cuando tras hartarse de llamarle asesino había echado a patadas de La Moncloa al PP y recurrió al eufemismo del Poder Fáctico Fácilmente Reconocible, era poco probable que Rajoy exhibiera un ímpetu legionario para denunciar el alarde de prevaricación del Gobierno ZP que constituye la llamada Ley Polanco. Pero una cosa es que Rajoy no vaya más allá que un Aznar de retirada y otra, bien distinta, que no aproveche la ocasión de hacer oposición en serio y de hacerse respetar por Polanco, que al final es más importante que estar bien todos los miércoles en el Parlamento.
 
Rajoy ha contado, tras el malhadado referéndum del 20F con una ocasión de oro para decir “aquí estoy yo”; y, sin alzar siquiera la voz, demostrar que se atreve a lo que ni Aznar se ha atrevido. Se la sirvió Luis Herrero con su denuncia de la concentración de Poder en manos de Polanco y su valerosa defensa de la libertad en el Parlamento Europeo, que lo ha convertido en el héroe cotidiano de una derecha harta de tanto bucrócrata cobardón. Y se lo puso todavía mejor el Gobierno confirmando al otro día la denuncia de Herrero con la fechoría del Canal+ y el Jefe de la Cabila de la SER amenazando a tres dirigentes populares con campañas de desprestigio personal y político si no desautorizaban a Luis Herrero. No se han atrevido a desautorizarlo, aunque Rajoy ha estado tibio tirando a frío en su defensa. Pero es que ni se han atrevido a denunciar esas amenazas contra ellos desde la SER. Pues como bien dicen los ministros y ex-ministros del Interior, los malos tratos hay que denunciarlos. Si no se denuncian, sólo se consigue envalentonar al matón y correr peligro de muerte. Claro que cuando uno está muerto de miedo, falla el valor. Para eso debería estar el partido, que tiene una ocasión de oro para poner a Polanco en su sitio por bastantes años. No se atreven. Luego, que no se quejen.
 
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