¿Por qué no hablan de la "inflación sindical"?

Federico Jiménez Losantos
Las críticas que desde algunos medios españoles hemos hecho al descarado ataque de Solbes y sus colegas socialdemócratas contra la política económica irlandesa, pero apuntando a la española, han debido de surtir efecto, porque en la aprobación del Ecofin al Plan de Estabilidad Presupuestaria se acepta una disminución de los impuestos si prosigue el control del gasto público. Esperemos que ahora se disculpen con Irlanda, a quien se critica por hacer precisamente lo que se admite sin problemas para España. La incoherencia es demasiado llamativa.

Sin embargo, las llamadas a controlar la inflación, tanto la subyacente como la oficial, no sólo a través del gasto sino de la limitación salarial plantea un segundo problema que el Ecofin, al cabo hechura de la socialdemocracia, no quiere abordar explícitamente: el de los sindicatos como factor desestabilizador en las subidas salariales. Siendo la izquierda europea en buena medida un producto político y organizativo del poder sindical, se comprende su silencio ante un remedio que está tan a la vista. Se comprende pero no se justifica: el rigor en el juicio a Irlanda se lo podían aplicar a sí mismos los Solbes y demás.

Pero el Gobierno español no tiene o no debería tener esa tara doctrinal y dispone de una gran ocasión para abordar el problema de fondo de los salarios sin favorecer la racanería empresarial ni comprometer el control de la inflación. Se trata, simplemente, de reducir y descentralizar el ámbito de los convenios colectivos. No es lógico que una empresa que va bien y cuya productividad es muy alta no pueda permitirse una subida de salarios acorde con sus beneficios, mientras que empresas del mismo sector con productividad baja y apenas beneficios sube los salarios tanto como las empresas boyantes, agravando sus dificultades y generalizando a través de la inflación un problema que debería circunscribirse a sus justos límites empresariales.

Hay una "inflación sindical" que nace de esos convenios a escala nacional y de sector que no tienen en cuenta las diferencias de competitividad y productividad de cada empresa. Ahí es donde hay que reformar a fondo y limitar el ámbito de los convenios, no en el tiempo, pero sí en el espacio. Eso no haría desaparecer a los sindicatos, aunque les obligase a una transformación racional y necesaria, pero sobre todo aliviaría uno de los elementos de presión más graves contra el crecimiento económico sano y sostenido. Parece que se está negociando en secreto una reforma en ese sentido. Esperemos que no le consulten a Solbes y la saquen adelante. Diga lo que diga el Ecofin, esa institución tartaja a la que hay que entender, nunca tomarla al pie de la letra.

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