Pirro en Chamberí

Federico Jiménez Losantos
Zapatero se está acostumbrando a mentir en demasía. No es cierto, como proclamó ayer, que “los socialistas hemos ganado las elecciones en Madrid”. Las han perdido en el Ayuntamiento y en la Comunidad, donde el PP ha triunfado de forma aplastante. En el Ayuntamiento superando la mayoría absoluta de sobra, por dos concejales, y en la Comunidad quedándose a 10.000 votos, un escaño, y después de la reforma electoral. Salvo que Zapatero sea no sólo socio sino presidente del PCE o Izquierda Unida, se ha quedado muy atrás del PP en Madrid. Y si en el Ayuntamiento de la Capital ni siquiera reclutando hasta el último representante comunista puede conseguir una mayoría parlamentaria, en la Comunidad sólo puede conseguirlo regalándole la mitad del Presupuesto a un partido extremista, cómplice del PNV y del Pacto de Estella, que apenas ha llegado al 7% de los votos. Si eso es ganar las elecciones, ¿qué será para Zapatero perderlas? ¿Lo de Baleares, donde aplicó el patrón de “todos contra el PP” que ahora reedita en Madrid? ¿De qué victoria habla Pirro Luis Rodríguez Zapatero?

Pirro ha pasado a la Historia porque después de una victoria en la que sufrió tal número de bajas que perdió prácticamente toda su capacidad militar, se dice que dijo que con otra victoria así ya no necesitaría derrotas. Evidentemente, Pirro mentía menos que Zapatero. Ventajas de la monarquía absoluta, sin oposición, pares, ni barones para cobrar derrotas. Pero el candidato socialista no debería extremar sus exageraciones, extrapolaciones o trolas. Faltan nueve meses para las generales de 2004. Cuanto más victoria prometa, más cara será la factura de la derrota. Al punto de no poder pagarla.

Una de las características de la izquierda en general, y de la totalitaria en particular, es el uso sistemático de la mentira. Celebramos el aniversario de Orwell, que llevó a la ficción en 1984 lo que los comunistas habían hecho terrible realidad: la mentira es verdad y la verdad es mentira. La Komintern no fue, desde su fundación por Lenin, más que una inmensa máquina de mentir, calumniar, tergiversar y engañar al mundo, tal vez porque en opinión de Lenin “la mentira es un arma revolucionaria” y para él, ayuno de toda ética y enemigo de toda moral, cualquier arma letal era buena. Zapatero, del brazo del comunista Llamazares, lleva varios meses mintiendo al por mayor, en lo del “Prestige”, en la guerra de Irak y, ahora, en su política vasca, que es como decir en su definición nacional. Es posible que le haya cogido el gusto o que crea que toda España sigue la SER. Pero no hay más que ver lo cabreada que está la vieja guardia socialista para saber que su joven guardia roja ha perdido con todo el equipo. Si Pirro quiere engañarse, allá él. Si quiere engañarnos, lo pagará muy caro. Más caro aún.
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