¿Pero no había un Pacto sobre la Justicia?

Federico Jiménez Losantos
Hace apenas diez días el Gobierno y el PSOE nos vendieron como una de las grandes hazañas de la historia contemporánea española el Pacto sobre la Justicia, que suponía la capitulación del PP sobre el sistema de elección de miembros del Consejo General del Poder Judicial. Pero, por lo que hemos visto en este tiempo, el pacto se limita al reparto de sillones entre jueces bizcochables, porque llevamos ya dos episodios bélicos en materia judicial absolutamente feroces, como los de antes del Pacto. Villarejo ha reabierto la cacería contra Piqué y el PSOE la ha emprendido contra el Tribunal de Conflictos en defensa de la jurisdicción de Polanco para el linchamiento de jueces, o sea, de Liaño. Si la pacificación de la Justicia que nos explicaron Acebes y Michavila, Aguilar y Zapatero era ésto, casi mejor volver a la guerra. Estábamos más tranquilos.

Algo ha pasado aquí, porque un episodio de enajenación mental transitoria en los jueces o de servilismo agudo en los políticos, puede pasar, pero dos seguidos, ya no. Está claro que en el PSOE o no acaban de creerse o en realidad nunca se creyeron el pacto famoso, porque no se entiende la maniobra contra Piqué y ahora la resistencia insólita a la decisión del Tribunal de Conflictos, que por otra parte deja en manos del CGPJ lo que debería ser resolución inequívoca del mandato del Gobierno. Veremos el texto y la interpretación, porque del Consejo se puede esperar todo menos probidad. Y Polanco no renuncia a su presa ni el PSOE a su papel de cancerbero polanquiano.

Pacto, consenso y mejora de la justicia, decían. Explícalo otra vez, Michavila.

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