Perfecto, demasiado perfecto

Federico Jiménez Losantos
Desde que he oído y leído la noticia de Ignacio Villa sobre el “Plan Renove” de Aznar estoy buscándole el punto flaco, el error humano, el posible fallo técnico de todo proyecto político. No encuentro ninguno. Se mire por donde se mire es, sencillamente, perfecto. Todo encaja: su salida de España sin salir del todo y sin dejar la política, su presencia en la campaña electoral de su partido aunque con otro candidato presidencial y, sobre todo, su forma de seguir al frente del partido sin estorbar al Jefe del Gobierno si sigue siendo del PP. Todos los problemas de la sucesión quedarían prácticamente cubiertos, a poco que acertase o se dejara acertar en la elección del candidato a La Moncloa. Se mire por donde se mire, sólo se ven ventajas.

El “casi” se refiere a la democracia interna de los partidos, a la transparencia en las relaciones de Poder, a la libertad que debería presidir la actividad política. Pero, a fuer de sinceros, nadie del PP protestará demasiado por el acompañante de Aznar en el “ticket” electoral, salvo los candidatos frustrados, que para entonces pasarán de la docena. El militante común y corriente, que quiere ganar las elecciones pero más si cabe, y claro que cabe, mantener el cargo público que en muchos casos disfruta, se quedará extasiado ante la solución mágica encontrada por Aznar para seguir sin seguir, estar sin estar, y ser más de lo que es dejando a otro que también empiece a serlo. Al que proteste, lo lapidarán.

Sólo tiene una contraindicación este plan, al margen de los imponderables que puedan surgir para impedirlo, y es que en vez de un gobernante que, como se va, hace lo que tiene que hacer sin atender a la rentabilidad electoral, tenemos a un gobernante que continúa presentándose a las elecciones por partida doble. Y que, naturalmente, no arriesga ninguna reforma en profundidad que no surta efectos inmediatos aunque superficiales. Eso explicaría el acuerdo cosmético sobre el futuro de las pensiones, que traslada el problema a la generación siguiente, a pesar de que el Gobierno tiene mayoría absoluta, una oposición de pena y unos sindicatos de fábula, entre la estupidez de UGT y la colaboración de CCOO.

Pero esa es otra historia. La solución electoral, perfecta. Si acaso, demasiado perfecta.

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