Pedro Sánchez y Pedro Castillo abrazan el golpismo judicial

Federico Jiménez Losantos

Los dos países que ya han emprendido el camino al comunismo son Perú y Chile; y los dos que antes pueden enfangarse en una vía que mezcla populismo y comunismo, sin Estado de derecho, son Argentina y España. Las diferencias entre América y Europa, entre una tradición solvente y una de estafadores son menores que las semejanzas. En las cuatro se impone la misma retórica neocomunista: lenguaje inclusivo, indigenismo, animalismo y un marxismo invertido que sueña con el fin de la Historia en el Neolítico.

También estos países eran modelos de éxito: España, con sus 40 años de democracia y extraordinario crecimiento económico, dentro de la UE; Chile, tras las exitosas reformas económicas de Pinochet y la vuelta a la democracia; Perú, con tres décadas de prosperidad material; y Argentina, capaz del milagro de seguir en pie después de treinta años de populismo e insolvencia. Ninguno de ellos, ni siquiera Argentina, y menos aún España, parecen necesitar, ni sus pueblos anhelar, la suerte de Venezuela, Cuba o Nicaragua. Y, sin embargo, a eso vamos, siguiendo la vía del Socialismo del Siglo XXI: destruir la democracia por dentro, actuar en la legalidad para subvertirla y acabar con el Estado de Derecho… en los tribunales.

Raíces teóricas del nuevo comunismo

El mecanismo diseñado en la Venezuela de Chávez por los comunistas españoles que luego forman Podemos, deudo del "Derecho Alternativo", es una variante de la estrategia de Gramsci para llegar al Poder sin la guerra civil propugnada por Lenin, que se juega a cara o cruz y, como en España, se puede perder. Gramsci entiende la toma del poder sin jugársela a la carta de la guerra, mediante la hegemonía en los aparatos del Estado, los medios y la educación. El Estado se conquistaría dominando los valores de la sociedad y no al revés. Ese es el camino del Socialismo del Siglo XXI, antes Foro de Sao Paulo, luego Grupo de Puebla, la Komintern de Castro y Lula tras la caída del Muro, de la que Hugo Chávez fue cajero y caudillo.

Pero su gran aportación, que se irá definiendo durante el chavismo, es la lucha en el aparato judicial, que Gramsci considera uno más, pero que, en sociedades masivamente refractarias al comunismo como Iberoamérica, y en las que impera un sector profundamente izquierdista en la educación y los medios, es el campo preferido de lucha revolucionaria. No el único. Nunca se abandona la posibilidad de atajos violentos, aprovechando o provocando las circunstancias de un estallido social, pero Abimael Guzmán y Sendero Luminoso es la prueba de que cabe unir todos los procesos de cambio o de crisis si no se pierde de vista el objetivo final: el comunismo. De hecho, la llegada al Poder de Sendero con Pedro Castillo de mascarón populista muestra que lo militar-terrorista puede desaparecer mientras, en la universidad y la escuela nuevos organismos generados por el Partido —el Movadef— abren nuevos frentes de lucha sin despreciar nunca los antiguos.

Por el sendero luminoso de las oenegés

En Perú, los grandes aliados para indultar y resucitar Sendero fueron las oenegés de Derechos Humanos, clásicos en el comunismo clandestino, y los universitarios Frentes de la Memoria, que dan al comunismo genocida una nueva legitimidad al declarar igualmente ilegítima la lucha de la policía y el Ejército contra el terrorismo. Iván de Gregori es el más brillante de los que, criticando a Sendero desde su vieja militancia maoísta en Patria Roja, vuelven, tras su derrota por Fujimori y a través del antifujimorismo, a darle al marxismo una nueva imagen de comunismo escarmentado. Nunca hubo tal cosa. Los ilustrados tontos útiles resucitaron el comunismo, sin más. Es otra generación, mucho más lerda y corrupta pero también más popular que asalta el Estado con apetito de mafia provinciana, y no de famélica legión.

Lo que mantiene a estas bandas provincianas en el Poder no son las bases indígenas, mediáticas o educativas, que observan atónitos la ruindad y la huachafería estética, propia del narcotráfico, de Castillo y sus Karelis. Es la facción comunista del Poder Judicial, con la Fiscalía al frente, la que consiguió que Castillo fuera candidato y la que frenó las investigaciones de corrupción para que no pudiera usarlas Keiko y la Derecha. Es la Fiscalía, que según Enrique Ghersi, la Izquierda caviar hereda del APRA y que con razón se llama "el partido más importante de la Izquierda peruana", la que frena o acelera en los tribunales, el proceso político. Y la que, al descoserse las costuras del Parlamento y Gobierno, se ha empeñado en conservarlo.

La desastrosa gestión del lerdo Castillo ha desatado la lucha interna dentro de la Fiscalía, entre la corrupta Zoraida Avalos y los que defienden la vuelta al Estado de derecho por sus cauces legales, no por los atajos de imputaciones y absoluciones puramente políticas. Y sólo tras los últimos episodios que han mostrado la corrupción total de la institución se explica esta imputación masiva, típicamente revolucionaria, no sólo de un partido, como el caso de Keiko que vive al albur de sus imputaciones, sino de las personalidades y medios de comunicación que representan la resistencia de la sociedad civil y que no se venden como diputados de Acción Popular. Los cargos son disparatados. El hecho de hacerlos no lo es. Demuestra que el proceso hacia el comunismo no se parará en consideraciones estéticas. Y que con el zoquete de Pedro Castillo o sin él, la destrucción de la sociedad peruana va a continuar, por la sinuosa vía de imputar a todo lo que estorbe.

Delgado y Llop, las 'zoraidas' españolas

En el atardecer del viernes, sin la garúa limeña, pero bajo un brioso chubasco sobre la Cibeles, que aún celebraba el éxito del Real Madrid, los medios publicaron, sin énfasis, unas tremendas declaraciones de la ministra de Justicia, Pilar Llop, vástago de esa casta judicial para la que las leyes están para incumplirlas y los tribunales son sólo otra de las fuerzas políticas y sociales que deben crear un nuevo régimen a espaldas de los ciudadanos. El pueblo ya lo representa la Izquierda. Hay que acabar con la Nación, que representa la ciudadanía, para imponer violentamente la felicidad socialista.

No es un secreto que para Sánchez, su Gobierno y la Derecha servil que representaba el PP de Casado, el enemigo principal de ese proceso de cambio radical es Isabel Díaz Ayuso. Sánchez y Casado urdieron juntos el piélago de manipulaciones contra la presidenta de Madrid, para destruirla en lo político, calumniándola en lo personal y familiar. Ese era y ese es el guion del despotismo social-comunista y a eso se aplica la llamada Fiscalía Anticorrupción, que depende jerárquicamente de lo más corrupto que viste toga en España: Dolores Delgado, pareja del prevaricador Baltasar Garzón.

Ya comentamos otro domingo cómo Luzón, que pretende seguir en esa fiscalía especial o saltar a una mejor, había tenido la desvergüenza de decir que no veía motivo alguno de irregularidad en la conducta de Ayuso, pero que como las acusaciones de la oposición comunista y socialista eran tan de interés público, iba a investigarlas. Una investigación prospectiva, a ver si se encuentra algo, es la figura delictiva más repugnante en un fiscal. Es también la de los procesos comunistas desde Lenin: uno es culpable por pertenecer a una clase social, a un partido político defender una opinión, la tarea de los policías y fiscales es encontrar las "pruebas" para condenarlo.

Ayuso contraataca y Llop se delata

Como Ayuso es realmente anticomunista, y no duda de que los que pueblan este Gobierno harán lo que sea para quitarla de en medio, decidió contraatacar; y el viernes presentó una denuncia ante la Fiscalía de Luzón por las pavorosas irregularidades del Gobierno Sánchez en adjudicaciones multimillonarias durante los meses de la pandemia, que es donde quieren situar la supuesta comisión, que nunca existió, cobrada por el hermano de Ayuso, que no participó en ninguna fase del contrato con su empresa. La diferencia es tremenda: 55.000 euros por algo; 320 millones por la cara.

Pero al preguntarle a la ministra de Justicia por esa denuncia, dijo: "Lo que debe hacer la señora Ayuso es ir a declarar a la Fiscalía Anticorrupción cuando la llamen, cualquier otra maniobra es para distraer de los verdaderos asuntos importantes que son ese asunto al que se enfrenta ante la fiscalía (…) y lo que ha pasado con el pacto entre PP y Vox en Castilla y León".

Los nervios de esta sectaria rabiosa la delataron: ¿cómo sabe Pilar Llop que Dolores Delgado de Garzón y Luzón llamará a declarar a Díaz Ayuso? ¿Trabajan juntas, como Vichinski y la Cheka en los juicios de Moscú? Eso parece. Tras la infamia inducida de Luzón, la pareja de Garzón se ha atribuido la facultad de investigar la invasión rusa de Ucrania. Algo para lo que no tiene jurisdicción, pero que ayudaría al bufete de su quotidie, que vive y se lucra de estas bufonadas judiciales al servicio del comunismo. Porque no debe haber dudas: Garzón es el abogado del Cartel de los Soles y Delgado es la herramienta judicial de los grandes negocios de Garzón.

La antigua lucha contra el nuevo comunismo

¿Hay diferencias entre el ataque de la Fiscalía a Mario Vargas Llosa, Keiko Fujimori, Fernando Rospigliosi y otros peruanos eminentes y el de la Fiscalía y el Ministerio de Justicia españoles a Díaz Ayuso? Ninguna. Pedro Sánchez y Pedro Castillo han abrazado el golpismo judicial como forma de mantenerse en el Poder sobre los escombros de nuestras dos democracias. El que no quiera verlo, puede irse con Casado y Tusk al bufete de Garzón. El que no haya perdido la vista ni la dignidad, debe aprestarse a combatirlo.

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