Empate técnico

Parálisis electoral y convulsiones mediáticas

Federico Jiménez Losantos

Todas las encuestas electorales parecen congeladas en el famoso "empate técnico" de PP y PSOE. La única alternativa a una noche infartada e infartante el 9-M es que los debates Zapatero-Rajoy pudiesen desbloquear la situación, pero tampoco eso es seguro, y por dos razones: no se han celebrado aún ni está decidido que se celebren (si el PSOE no ve realmente perdidas o muy difíciles las elecciones encontrará la forma de evitarlos) y no es seguro que muevan más allá de ese dos/tres por ciento en que los demóscopos y augures de la opinión pública estofada y publicada sitúan el "empate técnico". O sea, que es muy posible que tampoco los debates alteren ese bloqueo político absoluto entre dos fuerzas numéricamente equilibradas, por no decir empatadas.

La clave de ese empate está en los medios de comunicación. Sólo la abrumadora mayoría audiovisual del PSOE, concienzudamente labrada por Aznar, Rato y Rajoy en la segunda legislatura, impide que el PSOE, cuya gestión de Gobierno oscila entre la calamidad técnica y la alta traición política, esté prácticamente desahuciado para la Moncloa. En cambio, gracias al invierno mediático generado por los pasmados del PP, ampliado por Zapatero con dos glaciaciones más, la Cuarta y la Sexta, cuya creación es tan ilegal y prevaricadora como la del PP al negarse a cumplir la sentencia del Supremo contra el antenicidio polanquista, lo normal sería que, aunque en una situación todavía más débil, el Gobierno pudiera mantenerse precariamente en el Poder, aunque lo lógico sería que un país medianamente sano y la media nación que no se resigna a morir dieran a la oposición la mayoría justita que necesita para derrotar a un Gobierno calamitoso. Pero no hay lógica en la política como no hay justicia en el fútbol. Véanse Argentina, en la política; Italia, en el fútbol. En ambas triunfa Zapatero, su ruinosa y eficaz trapacería.

Sin embargo, el hecho mismo de esa parálisis electoral y política, que augura la permanencia a corto plazo de Zapatero y Rajoy al frente del Gobierno y la Oposición o viceversa está produciendo y producirá aún más en los próximos días, semanas y meses una auténtica convulsión en el panorama mediático, que es por el que respira cualquier sociedad en un régimen de libertades. Incluso en España, donde uno tiene las libertades que se atreve a tomarse aunque socialistas y nacionalistas traten de impedírselo. Los medios de comunicación son algo más que la espuma de los partidos políticos, como antaño. Son el oxígeno, la voluntad de supervivencia, la fe en la naturaleza de las ideas y convicciones de sus bases sociales frente a las del adversario. Y tanto en la izquierda como en la Derecha, esas convulsiones, repito, se han producido, se están produciendo o se producirán. Se han producido ya en el ámbito de la Izquierda con la aparición de la impensada alternativa a PRISA, el naciente Imperio Roures/Barroso que tiene en la Sexta su ariete y en Público su caricatura. Se han empezado a producir en la Prensa de papel, con la recentísima y estrepitosa caída de Zarzalejos en el ABC, cuyas razones de fondo analizaremos mañana. Y seguirán produciéndose, porque la caída del director de ABC y la crisis de Vocento, que afecta también a Punto Radio, afectará necesariamente al multimedia presidido por José Manuel Lara y que componen Antena3, Onda Cero, y La Razón, sin olvidar el Avui. Una vez le dijeron a Cambó que debía elegir entre ser el Bolívar de Cataluña o el Bismarck de España. No sé qué contestó, si contestó algo. Pero después de cargar sorprendente y escandalosamente contra Pizarro, pronto va a tener ocasión e incluso obligación de hacerlo José Manuel Lara. Ni el partido ni la Liga, dígase lo que se diga, están decididos. Pero incluso si lo estuvieran, el fútbol continúa.

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