Zapatero en el 12-O

Otra vez en la calle y contra las instituciones

Federico Jiménez Losantos
No hubo forma de que Zapatero y los suyos recapacitaran cuando, a cuenta del Prestige y de la Guerra de Irak, trataron de derribar al Gobierno del PP mediante movilizaciones callejeras. Difícil será que lo hagan ahora, a cuenta de un incidente menor como ha sido el agravio a las banderas y a los países aliados de España en la guerra de Irak. Si Zapatero no es capaz de comprender que agraviando a los USA, nuestro primer aliado, el país al que se debe sencillamente la existencia de democracias en el mundo y que los países europeos no seamos granjas nazis o soviéticas, se está agraviando a todos sus aliados y a España en primer lugar, evidentemente, es que no comprende nada.

A cambio, hay algo que entendemos perfectamente quienes padecimos ese golpismo callejero del PSOE, de los titiriteros filósofos y de la mayoría mediática antiamericana, cuando Sadam Husein era la esperanza de hundir a los USA en un nuevo Vietnam que los progres reeditan obsesivamente a cuenta de cualquier tirano. Y eso que entendemos es, sencillamente, que Zapatero está de nuevo en la calle y contra las instituciones nacionales y representativas. Y que, como buen socialista, no distingue entre partido, Gobierno y Estado, ya que hace sistemáticamente una política de partido contra el Gobierno aunque cruja el Estado y perjudique a la nación española.

Zapatero ha tenido ocasión de decir en el Parlamento cientos de veces que la política del Gobierno Aznar es criminal, ilegal, ilegítima y demás. Nuestro gobierno no obtiene del líder sociata la amable benevolencia que le inspira la monarquía marroquí, quizás porque Polanco y González tienen intereses en esa dictadura y para Zapatero son su Platón y su Aristóteles. Pero dentro de pocos meses, Zapatero tiene la oportunidad de recabar del pueblo español su voto para cambiar nuestra política exterior. La de Aznar y la de González, que en lo que se refiere a Irak no se diferencian salvo en la gallardía de Aznar y la comadrejería de González. ¿Es mucho pedir al Secretario General del PSOE que se comporte como un parlamentario decente, un ciudadano consciente y un español corriente mientras llega su oportunidad? Pues sí, parece que sí; desgraciadamente, sí; lamentablemente, sí; estúpidamente, sí.

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